Muy bien. Xavi Marina & Cia se lo han currado. Espectacular el itinerario, el esfuerzo de la organización, los trillones de escalones, la inexactitud en las medidas en desniveles y kilometrajes, los perseguidos e inalcanzables check-points, el caos en los hoteles, las incontables calas y playas, los rincones descubiertos, la “otra” Costa Brava… En
conjunto, la experiencia CBXR ha resultado muy satisfactoria y recomendable. El año que viene, si todo va bien y el cuerpo aguanta, más.
La carrera es exigente, sobre todo por unos tiempos de corte que obligan a no dormirse. También por las muy diversas superficies del terreno: desde arena de playa fina hasta pedreras, pasando por zonas devastadas por las tormentas, pequeñas escaladas, zonas de arbustos araña piernas y rompe-mallas… Por supuesto, también por el kilometraje y los desniveles que el cuerpo va acumulando. Una “extrem 100%”.

Entre las diferencias que existen con las marchas de resistencia podemos destacar una que es fundamental: los tiempos de paso que marca la organización. Hay que estar mínimamente en forma, porque para cumplirlos y no ser descalificado (manga ancha en este sentido) tienes que obligarte a correr todos los tramos que puedas, que pueden ser desde sólo 100 metros hasta varios kilómetros continuos (recuerdo con “alegría” toda la zona de costa y paseo de Palamós, interminable).
Otra diferencia la encontramos en el tipo de participante: en su mayoría son corredores y no marchadores de montaña. Abundan los maratonianos y ultras, en su mayor parte sin el más mínimo rastro de barriga, con muchas zapatillas gastadas y una especial observancia del crono. Eso sí, mucha camaradería, compañerismo y buen rollo, características propias de cualquier prueba que implique esfuerzo y horas.

Este primer contacto con las carreras “extremas” (que nada tiene que ver con las medias maratones de montaña y en ruta, las maratones y las largas marchas de resistencia) fue eso, un primer contacto y el inicio del ciclo de entrenamiento específico para intentar la ascensión al Elbrus en agosto. Me interesa aumentar la resistencia para largas jornadas de esfuerzo y la capacidad para superar importantes desniveles positivos. Sin duda, este ha sido un buen inicio.
Durante la primera etapa, entre Blanes y Tossa de Mar, mi compromiso de liebre con Àngels nos llevó a entrar en meta con 30 minutos de margen. 25 km y desniveles de +1200/-1200 msnm en 4h37m. Durante la etapa la climatología nos respetó, aunque buena parte del recorrido transcurrió bajo una fina lluvia que fue empapándonos por fuera, mientras el calor lo hacía por dentro, en forma de sudor. Quien no nos respetó fue el mar, que bañó nuestros pies en más de una ocasión. Suele ocurrir cuando corres por la playa con el mar embravecido.
La segunda etapa, entre Sant Feliu y Pals (49 km, +1500/-1500 msnm), empezó mal. Àngels se levantó de la cama con malestar y ganas de vomitar. El viaje en autocar no la ayudó, al contrario. Pese a todo, tomó la salida. Mantuvo el tipo durante 14 km, pero su cuerpo no estaba para más. Fueron 14 km de agonía, a un ritmo excesivamente lento, que además hacía intuir que no podríamos acabar la etapa en tiempo. Entonces decidió abandonar, recuperarse y asegurarse la salida en la tercera y última etapa. Esto me permitía a mí intentar recuperar tiempo. Fue un error por mi parte la estrategia que seguí. En el km 28 había recuperado muchos minutos, pero también había ido por encima de mis posibilidades, lo cual significaba que ya no disfrutaba la carrera, simplemente la sufría. Decidí abandonar y reservarme para la tercera y última etapa.
En esta, el itinerario nos llevaba de Cadaqués a Portbou a lo largo de 30 km con un desnivel de +1000/-1000 concentrados en dos grandes subidas y bajadas justo al inicio y final del trayecto.
Pactamos con Àngels que “cada cual a lo suyo”, así que nos despedimos hasta reencontrarnos en Portbou. Para mi gusto, esta fue la mejor de las tres etapas. Por una parte, porque era un territorio más en la línea de lo que estoy acostumbrado (montaña, con desniveles largos y sostenidos, superficie pedregosa); por otra, porque muchos tramos eran de terreno verde y a cierta altitud (en algunos momentos me parecía estar corriendo por el Cadí: verde, con arbustos rompe-mallas y araña piernas, sin árboles); finalmente, porque podía ir al ritmo que me permitiera el cuerpo desde el principio hasta el final.
4h47m después crucé el arco de meta en Portbou. Àngels lo hizo en 5h58
El momento más emocionante de toda la carrera no fue llegar a meta, fue cruzarnos con los Extrem que pasaban el control de Cadaquès en los minutos previos a nuestra salida. Los aproximadamente 170 corredores Challenge les reconocíamos el mérito de lo que estaban haciendo a través de un pasillo de aplausos y vítores que ponía los pelos de punta. ¡Unos Ultracracks!
Bueno, en conclusión, que lo único que deja mal sabor de boca es no haber sido finishers (los dos), por un p… mal de estómago. Nada, que queda pendiente para 2011. La duda es si Challenge o… 😉

2 comentarios
  1. Lluís Lleida
    Lluís Lleida Dice:

    Raül, ha estat molt molt "¨güapa". En aquesta edició sembla que han millorat algunes coses respecte a l'anterior (temps de pas i tancament, per exemple), que la fan més exigent i "rapida". A veure si l'any vinent… ¡Gràcies i ànims amb el nou repte Koala!

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