La mente es débil
Después de 21 horas en las que recorrí 92 kilómetros y superé los 10.000 metros de desnivel, falló el músculo más necesario de todos para acabar una prueba tan exigente como la Volta Cerdanya Ultrafons, de 214 km y 20.000 metros de desnivel. Sin excusas: ha fallado la mente.
Aunque todo suma (o en este caso tal vez sería más adecuado decir aunque todo resta), las altas temperaturas del viernes (hasta 32 grados) no pudieron conmigo. Tampoco las largas y silenciosas horas en solitario, ni los kilómetros, ni los desniveles, ni la noche… Pudo conmigo una larga bajada de más de una hora por terreno rocoso, a las cuatro de la madrugada, después de 90 km recorridos, que me hizo pensar más de la cuenta y fue minando mi decisión de llegar a la meta. La mente, mi mente, fue débil y sucumbió a la sugerente tentación de la retirada a mitad de recorrido.
24 horas más tarde, el domingo por la mañana, salí a correr de nuevo por la montaña. Ningún dolor ni sensación de agotamiento físico más allá del normal después del esfuerzo realizado. Sólo rasguños, escoceduras y otros recuerdos estéticos de la batalla librada. Físicamente ningún problema relevante. Estoy bien. Sin embargo… Mi mente no está bien, sigue dolorida.
He empezado la recuperación, la puesta en forma de este músculo escondido capaz de hablarnos para decantar la balanza hacia un lado u otro: he pedido a la organización que me inscriban en la edición 2015 de la Volta Cerdanya Ultrafons 214 km.
Muchas gracias a todas y todos los que me enviasteis muestras de apoyo para superar el reto. Esto sí que suma, y mucho.
Seguimos.

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