Una de las actividades más exitantes y gratificantes de este verano ha sido los 7000 metros nadando en el Pantà de La Baells.

 

Después de darle unas cuantas vueltas al tema, comprobar que la mucosidad disminuye y el resfriado amaina, el domingo intentaré de nuevo superar un triatlón de distancia Ironman. Una semana después de haberlo intentado en Vichy, bajo unas condiciones de natación duras para mí y los efectos de un inoportuno resfriado, mi estado físico todavía es el apropiado. El plan de entrenamiento que he seguido preveía llegar en el mejor estado de forma para el día 28. El día 4 habrá transcurrido una semana, un plazo de tiempo cercano “al punto óptimo”. Otra cosa es si el resfriado remanente y mis propias capacidades estarán a la altura… Así pues, el próximo domingo, vuelvo a intentarlo.

Breve crónica del Ironman Vichy
Mis resfriados duran 9-10 días. A mediados de semana empiezo a estornudar, dolor de garganta y mucosidad. Salimos a rodar en bici los días previos, y no funciono. Me reservo de correr los 15 días previos, porque mi gemelo derecho y empeine izquierdo me han dado avisos de sobrecarga. Si han de romper, que lo hagan el día del Ironman, no vaya a ser que no pueda ni tomar la salida.
La temperatura en Vichy es altísima. Llegamos a ver los 40ºC. Anuncios radiofónicos de “abstener de practicar deportes en el exterior”. En el mejor de los casos, nosotros estaremos solo unas 15 horas practicando deporte en el exterior…
Dos días antes recibimos mensaje de la organización: prohibido nadar con neopreno dado que la temperatura del agua supera en 0,3ºC la temperatura de corte de 24ºC. Nadamos en un rio, en agua dulce. Para mí, que de nadador tengo poco, esto es un jarro de agua fría.
La noche anterior sufro décimas de fiebre.
Nos levantamos a las 04:15h, desayunamos y a las 06:00 estamos en boxes. En bañador. Nunca antes había nadado 4.000 metros “a pelo”. Me resigno. Tengo la opción de no saltar al agua, pero no se me pasa por la cabeza: estoy seguro de conseguirlo, aunque también estoy seguro de que me costará muchísimo. En el peor de los casos, ya me sacarán del agua.
A las 07:25 al agua. Temperatura agradable. Agua verde. No se ve absolutamente nada. Algunos golpes, choques, arañazos… Pero menos de los que esperaba. Los metros no pasan. Salgo de la primera vuelta (1.900m) y cuando veo el crono me horrorizo: 00:53:00. Me lanzo a por la segunda vuelta y los metros siguen sin pasar. Salgo del agua a trompicones, tremendamente cansado: 02:06:25, unos 40 minutos por encima del tiempo previsto.
Hago la transición con tranquilidad. Intento recuperarme. Me preparo el batido nutricional y me lo bebo. Salgo a por la bici.
A los 40 kilómetros compruebo que la media de velocidad que llevo es muy baja, entre 2-3 km por debajo de la que me correspondería. Voy bien alimentado y el cansancio no desaparece. Sigo sin subir media de velocidad. Estoy en el km70 y empieza a llover. Contra todo pronóstico, hemos pasado de un riesgo de insolación brutal a una tormenta interesante.
Km80 y no he alcanzado a Àngels, que ha salido 15 minutos antes que yo del agua. En condiciones normales, yo hubiera salido antes del agua o, en todo caso, la hubiera alcanzado en los primeros kilómetros de ciclismo. Después de ocho meses entrenando juntos, conocemos muy bien los tiempos y ritmos de uno y otro. Analizo qué está ocurriendo y llego a la conclusión de que no es mi día. Llevo la preparación adecuada para llegar a la maratón y sufrirla. No puede ser que en este punto de la carrera no funcione. Decido abandonar la competición en el km90.
Creo que el inoportuno resfriado me tumbó antes que el propio Ironman.
Àngels cicló los 180 km de bicicleta, una distancia que superaba en 75 km la máxima que había pedaleado jamás. Lamentablemente, entró 1 minuto (sí, 1 minuto) por encima del tiempo de corte de natación más ciclismo, que la organización estipulaba en 10 horas. Descalificada.
Aquí acabó este primer intento a la distancia Ironman.

Segundo intento: Triatlón En Solitario
Es necesario aclarar varias cosas. La primera es que esta vez no será en el marco de ninguna competición oficial, y por tanto no tendrá tampoco ningún reconocimiento oficial. Estará controlado y justificado vía seguimiento fotográfico de cronógrafos y cuenta kilómetros. También por aquellos que queráis acercaros a algún punto de los segmentos de natación, ciclismo y carrera a pie. En cualquier caso, lo hago por mí y para mí. Hasta donde llegue y sin excusas.
La segunda es que lo haré en solitario. No habrá nadie más “compitiendo”, ni delante, ni detrás, ni a los lados. Solo. Acostumbrado a ser de los últimos y al no-drafting en ciclismo, esto no debería ser un problema. Veremos cómo lo llevo en la realidad. No obstante, será de agradecer si alguien se anima a acompañarme en algún tramo de cualquiera de los tres segmentos.
La tercera aclaración concierne al tema transiciones y avituallamientos. En el momento de salir del agua tengo una transición de unos 100 metros hasta la bicicleta. Al dejar la bicicleta no hay desplazamiento de transición, empiezo a correr.
En cuanto a los avituallamientos, además de los dos de las transiciones, durante el segmento de bicicleta tendré 4 puntos de agua (fuentes) y 4 más de sólido y líquido. Durante el segmento de carrera a pie, pasaré 4 veces por una fuente y otras cuatro por el punto de avituallamiento de sólido y líquido.
El soporte de seguimiento y avituallamiento corre a cargo de mi triatleta favorita Àngels Salvador Maldonado.
Finalmente, la última aclaración es que me regiré por el reglamento horario de Ironman, con 10 horas máximo para natación y ciclismo, y 16 horas máximo para completar los 225 km totales. Utilizaré neopreno en la natación.

Algunas cuestiones más
Para acabar, respondo a una pregunta que me ha formulado mi hija y que es posible que también esté en la mente de alguien más: “¿Y por qué no dices todo esto después de hacerlo? ¿Y si no lo consigues? ¿Volverás a decir que no has podido?”. Es cierto que muchas personas optan por la invisibilidad. A estas, las respeto profundamente, porque para “hacer” no es requisito “publicitar”. Otras muchas, a las que respeto en otra medida, solo hablan de lo conseguido, de los logros, de los éxitos. Suelen olvidar el “no éxito” o esconder el fracaso, generalmente por miedo al qué dirán o por desvirtuar una falsa imagen creada.
Por mi parte, deportivamente hablando he fracasado más que he triunfado, tanto que no me importa hacerlo una vez más y las que vengan. Es el riesgo de aventurarse a todo aquello que supone un final incierto, al hecho de alejarse de la zona de confort y de la seguridad de lo rápido, fácil, alcanzable o conocido. Con el tiempo me he ido descubriendo a mí mismo, hasta encontrarme con alguien que está hecho para ilusionarse, desarrollar y crecer en proyectos improbables pero no imposibles.
Hace tiempo decidí que los objetivos, para que lo fueran de verdad y no simples deseos, debían ponerse negro sobre blanco. Las palabras solo dichas, se las lleva el viento. Las palabras escritas, quedan. Escribir qué voy a hacer me ayuda a convertir las ideas en proyectos concretos, después de un proceso de análisis, valoración y preparación. Compartir públicamente lo que voy a hacer me compromete a hacerlo. Ser sincero conmigo y con los demás me exige dar cuentas públicas del resultado, sea éste el que sea.
Esto último me anima a superar momentos difíciles durante la actividad, pero no me desalienta a exponerme públicamente delante de un objetivo final no alcanzado. No tengo miedo al fracaso, porque a la par que el éxito, forma parte intrínseca y posible de cuanto hago. A mi entender, el éxito no está en la meta, está en la decisión de ponerse en marcha, realizar el proceso y avanzar hacia el objetivo. Pero no quiero engañar a nadie: ¿Quiero superar ese objetivo que yo mismo me he propuesto? ¡Por supuesto que sí! ¿Me disgustará no conseguirlo? ¡Por supuesto que sí! ¿Entonces… Por qué…? Simple: quiero saber si podré hacerlo, y eso supone poner todo el empeño en ello, pero también aceptar sin reparos el hecho de no conseguirlo. Me motiva todo aquello que para mi suponga un final incierto.
Este es el segundo asalto a la distancia más larga del triatlón. En otras ocasiones he necesitado hasta tres para superar una carrera improbable para mí pero que finalmente resultó posible. Y como ocurrió entonces, los aprendizajes durante los procesos fueron mucho más enriquecedores y duraderos que la efímera victoria.
Para terminar, agradezco las muestras de apoyo que he recibido durante esta semana, y muy especialmente la de aquellos que intuisteis qué rondaba por mi cabeza en mi último post en Facebook (“Quizás el final de esta experiencia no será exactamente como la conocéis. Dentro de mi cabeza toma fuerza un pensamiento qu eme hace vibrar. ¿Y si el próximo domingo fuera posible?”).
Vuestras respuestas me han ayudado mucho a tomar la decisión de volver a intentarlo este domingo.
Si el domingo andáis por la zona y me reconocéis, regalarme un grito de ánimo. No solo lo agradeceré, también lo necesitaré.
Muchas gracias.

Durante los últimos seis meses, desde el día 1 de enero hasta el día 30 de junio, he dedicado 260 horas a entrenar para mi objetivo deportivo del año, el Ironman de Vichy (Francia, 28 de agosto de 2016). Resulta una media de 43 horas al mes y unos totales de 164 km nadando, 2.718 km pedaleando y 607 km corriendo. Y se seguirán sumando horas y kilómetros hasta que llegue el “día D”.
Debo reconocer que a mis 51 años es la primera vez que me pongo en manos de un entrenador que marca la pauta de los entrenamientos y realiza el seguimiento. El objetivo ironman que persigo, nacido hace poco más de un año, cuando pedí ayuda para aprender a nadar y a montar en bicicleta, me resulta muy ambicioso, de ahí que decidiera comprometerme a seguir un plan de entrenamiento que también ha incluido la pérdida de unos cuantos kilos de peso gracias a un cierto control en la alimentación y nutrición.
Todo ello sin perder el norte, que uno ya tiene cierta edad, ciertas capacidades menguadas y no es un PRO. Además y por encima de todo, con el imperativo de mantener un cierto equilibrio entre deseos y obligaciones, algo extremadamente complicado, tal vez lo más complicado de todo este proceso que estoy viviendo.

Yo tampoco tenía tiempo
Hace poco, alguien me preguntó cuánto tiempo dedicaba a entrenar y se sorprendió ante mi respuesta de más de 40 horas mensuales. Llegó entonces la segunda pregunta: “¿Y de dónde sacas el tiempo?”.
La respuesta es fácil, aunque conseguirlo no lo es tanto.
No hay meses de cinco semanas, así que hay que priorizar tareas, organizar mejor la agenda, renunciar a muchas cosas, replantear deberes y obligaciones e incluso sacrificar placeres. Yo tampoco tenía tiempo, pero a la vista está que no era del todo cierto.
El principal escollo para conseguir tiempo es, precisamente, que el tiempo no sea una excusa, una autojustificación que explique a ti mismo y/o a los demás el porqué no de algo.
El segundo escollo es que tu entorno entienda cuál es tu momento, tus necesidades, tus ausencias, tus desconexiones. Tus “nos”.
De hecho, en general, el entorno no solo no lo entiende: suele rechazarlo o cuando menos no lo comparte. Es aquello de buscar el porqué de todo (que siempre lo hay), pero con una evidente predisposición a no aceptarlo por sus efectos sobre lo que se espera de ti en otros planos, por ejemplo.

No intentes explicarlo, porque no lo entenderán
Esta es una frase muy usual en el mundo del deporte de alto compromiso, y también en otros mundos donde el alto compromiso esté presente: cualquier nuevo proyecto empresarial, cualquier cambio personal, cualquier unión a algo, cualquier cosa cuyo inicio radique en un sincero, decidido, pasional e ilusionante “quiero hacerlo”. Quien no entiende, no comparte. Quien no comparte, no acepta. Quien no acepta, niega.
En mi caso personal, he tenido suerte. Algunos de mis entornos lo han entendido. Por supuesto, el entorno deportivo. También el profesional más “próximo”. Y sobre todo el más importante y fundamental para mi, el de mi pareja y por extensión el de mis hijos.
No siempre, en otros tiempos y proyectos, habían existido estas complicidades, pero en esta ocasión mi pareja comparte el mismo proyecto y objetivo. Gracias a ello, las cosas están resultando mucho más fáciles, además de agradables y motivadoras. Este definir un proyecto común y la complicidad de trabajarlo juntos nos permite sobrellevar estos meses sin las tiranteces que en cualquier otra situación podrían provocar “tantas horas” de dedicación a entrenar alejado de la familia.
Tengo mucha suerte. Es una situación poco común. Lo normal es saber de parejas que han llevado mal estas situaciones, que recordemos duran meses. Mi propia experiencia confirma lo dicho…

¿Y cuándo trabajas?
También está el tema del trabajo, que a tenor de sus preguntas parece preocupar a algunos. Soy autónomo. Si no trabajo, si no cumplo mis compromisos, si no doy un poco más de lo esperado…  no como.No hace falta decir nada más.
Para ser sincero, debo reconocer que todo lo que algunos días pierdo en estado físico por cansancio acumulado o esfuerzo realizado, lo gano en lucidez, serenidad y motivación. ¿Trabajo menos horas? No, las trabajo de forma diferente: por una parte, combino los horarios de entrenamientos (mañana, mediodía o tarde-noche, en ocasiones dobles sesiones) con el trabajo frente al ordenador y las visitas a clientes. Por otra parte, no te creerás todo lo que puedes llegar a pensar, desarrollar, solucionar y crear nadando largos en una piscina o corriendo durante horas por el asfalto y los senderos.
También he racionalizado procesos e incluso me replanteo el rendimiento de algunas relaciones. La necesidad de ganar tiempo al tiempo me ha hecho ver cosas que hasta ahora me habían pasado por alto o tenía por normales.

Exprimiendo el reloj
¿A qué, a quién y cuándo resto horas? A los paseos por Berga, al ir de compras, a las cenas y comidas con amigos, a las visitas a familiares, a invitaciones diversas, a la tele, a la lectura, a los sábados y domingos de relax, al club excursionista, al club de triatlón, al club de corredores, a la organización de eventos deportivos, a las excursiones, a cualquier actividad deportiva que no encaje en mi plan de entrenamiento…
¿Y cómo sumo horas? Acostándome más tarde, entrenando a primera y última hora del día, trabajando en lugares y horas inverosímiles (con un ordenador, internet y un móvil no es difícil), aprovechando sábados y domingos para entrenamientos de larga duración, descansando sólo un día por semana (es un decir, porque lo que hago es bajar el tiempo y la intensidad del entrenamiento), olvidando el wellness semanal, alimentándome de forma distinta y con otros hábitos…

Aprovecho para pedir disculpas
Ahora que repaso lo escrito, creo necesario pedir disculpas. Estos meses estoy siendo un poco egoista. Para intentar lograr mi objetivo he dejado de lado a personas y proyectos a las que en otras circunstancias y momentos dedicaría mucha más atención y estima. O dicho de otro modo, les destinaría un TIEMPO ahora imposible. Lo he hecho así antes y volveré a hacerlo así después. Con una diferencia importante: lo que estoy haciendo me está transformando.
Decidí plantearme un proyecto para el que no estaba capacitado. De hecho, hasta que no se demuestre lo contrario sigo sin estarlo. Pero la transformación está en el camino, en el proceso. El cumplimiento o no del objetivo es la parte menos importante, el colofón, el adorno, el punto sobre la “i”.
No hay punto sin columna que lo soporte.
Es en el proceso donde cambia el cuerpo y la mente, el pensamiento y la razón. Es en el camino donde aprendemos lo que no sabemos, crecemos con lo que experimentamos y enriquecemos con lo que queda de todo ello en el alma.

Así que, si de verdad quieres, puedes. Al menos intentarlo.

 

Este vídeo explica mucho más que cómo ganar al sprint en una etapa del Tour de Francia. Explica qué es trabajo en equipo y la estrategia a seguir para alcanzar un objetivo común; reparto de responsabilidades; eficiencia y eficacia; aportación individual al equipo; sacrificio personal en pro del objetivo común y superior; distribución de roles; adaptación al cambio; decisiones rápidas; respuesta ágil; optimización de los recursos y el esfuerzo; logro de objetivos; resultados; triunfo basado en el equipo.

(Aquí para verlo en Facebook HQ)

 

Hemos tenido suerte. Ayer domingo participamos en el Challenge Triatlon de Salou y las malas condiciones del mar y el fuerte viento impidieron el test de crono que teníamos previsto hacer a 3 meses del Ironman de Vichy. Pero a cambio hemos aprendido muchas cosas que, sin duda, también nos resultarán útiles. Dada mi inexperiencia, luchar contra las olas fue toda una experiencia. Algunos decían “ha sido un festival”. Para mí, un definitivo adiós a muchos miedos. 43 minutos para nadar 1900 metros, cuando tenía previstos menos de 35…
La bici, más de lo mismo. Los primeros kilómetros por Salou muy bien, pero 45 km con viento de cara y lateral por la autovía convirtieron a la bicicleta en un caballo desbocado que levantaba las patas delanteras o estiraba las traseras hacia un lado y hacia el otro. Así fueron pasando los kilómetros, esperando dar la vuelta en Hospitalet del Infant para dejar que el viento empujara a favor, por la espalda. Finalmente, al encarar dirección Salou, la cosa fue un poco más fácil, aunque las ráfagas laterales me hicieron sufrir algunos sustos y el desgaste previo hizo que las medias de velocidad no fueran las óptimas. El segmento de 90 km de bici me costó unos 30 minutos más de los previstos. Con todo, satisfecho por lo mucho que aprendí sobre controlar la fiera desbocada y salir ileso! El tercer segmento, de 21 km de carrera a pie, es el que mejor llevo, ya que si deportivamente soy algo esta no es otra que corredor. El año pasado ya sufrimos mucho calor en este triatlón (¡fue mi primer triatlón!) Y este año repetimos altas temperaturas y sumamos golpes de viento que levantaban la arena de la playa. Pero mis preocupaciones se centraban en el sóleo de la pierna derecha, que lleva un mes en tratamiento por lesión y que no tenía nada claro que aguantara los 21 km. Y así fue. Durante las cuatro semanas previas, desde la lesión, sólo he sumado 15 km de rodajes, 10 de ellos el fin de semana anterior a la competición. Ese día no noté ninguna molestia. Pero en Salou, en el km3 tuve un aviso. Paré de correr, arranqué y segundo aviso. Caminé una docena de metros, no noté dolor y volví a correr suavemente. Poco a poco y sin notar molestias fui cogiendo ritmo -de forma muy conservadora- y encontrándome cada vez mejor de sensaciones. Al comenzar la última de las cuatro vueltas, aviso a mi hija -entre el público- que voy muy bien y más rápido, que en 25 minutos nos vemos en la llegada… Pero no fueron 25… En el km18 el soleo dijo “Luis, aquí has ​​acabado la carrera”. Noté un tirón y punto y final. Caminé cojo los 3 km que quedaban para llegar a meta. Conclusiones: la natación en Vichy no será tan distraída, ya que no tendremos olas como en Salou (los 4 km de natación son en el río), y aunque la flotabilidad no es tan buena como con agua de mar, este segmento no debería suponer ningún problema. La bici empiezo a dominarla. El viento de Salou me ha ayudado bastante a entender sus reacciones. También he practicado los avituallamientos en marcha y la ingesta sobre la bici. Queda seguir sumando kilómetros a las piernas. Referente al segmento de carrera a pie, en Vichy será un tema de supervivencia. Los 42 km se harán muy largos, seguro, después de los 3,8 km de natación y los 180 km de bici. Lo que me preocupa es recuperar bien el sóleo… Con todo, Challenge Salou ha sido una gran experiencia por todos los conocimientos que me ha regalado. Edgar Manzano (fisio), ¡a trabajarme el soleo! Y Xavi Vallribera (coach) tienes tres meses mas para seguir ayudándome a mejorar tal y como has hecho y logrado desde enero. Y como siempre, me quito el sombrero ante la tenacidad y voluntad de hierro de Àngels Salvador (para mi la mejor triatleta del mundo), ¡a pesar de las lipotimia post carreras!

Leyendo este título puedes pensar que lo más duro de la maratón de Roma son sus 42,195 km sobre un asfalto lamentable lleno de “trampas” a modo de agujeros, grietas y abultamientos. Pues no. Tal vez pienses que son los 7 km de maltrechos adoquines que tu estructura ósea y muscular tendrán que soportar. Tampoco. Puede que incluso consideres uno de sus peligros las elevadas temperaturas que se alcanzaron este año, que sin duda influyeron en la retirada de más de 3.000 participantes (19%), o los metros de más del recorrido, como unos 700. 

Nada de eso es lo más duro de la Maratona di Roma. Lo son los inevitables quilómetros que te zamparás el día antes visitando los vestigios de su rica y apasionante historia, y que al día siguiente, durante la carrera, tus piernas notarán. Si eres de los que buscan mejorar o hacer una muy buena marca, la de Roma no parece una de las mejores opciones. Como tampoco lo es si esperas disfrutar de una tranquila recuperación post carrera: te aguarda la comercial y larga Via del Corso y la lujosa Via dei Condotti, de donde tienes muchas posibilidades de salir cargado de pesadas bolsas conteniendo tus compras mientras tu maltrecho cuerpo se va quejando.
Y dicho esto, recomendar la prueba por la espectacularidad de la parte monumental de su recorrido, por la muy buena organización pre y post carrera (ejemplar la organización de entrega y recogida de guardarropía) y la longitud y disposición de los avituallamientos. Por poner un pero a estos últimos, eché en falta la posibilidad de geles.
En cuanto a mis sensaciones, me sentí mejor que hace siete semanas en Sevilla. Entre el km23 y el 29 se apoderó de mí el hombre del mazo. Hice una prueba que me pasó factura: desayuné relativamente poco y no tomé más que agua hasta la media maratón. Quería sentir malas sensaciones y mi capacidad de superarlas para conocer un poco ciertos límites de cara al Ironman. Lo cierto es que a lo largo de ese “bajón” corrí con sensación de mareo y desfallecimiento. En el km25 me regalé un avituallamiento con gel y pastilla de sales (propios), vaso de isotónico, plátano, naranja y agua. Hacia el km30 empecé a sentirme recuperado. 
Por otra parte, señalar que no es una maratón plana. Suma casi 500 metros positivos y otros tantos negativos. A menos de dos kilómetros de la meta, justo después del último avituallamiento de refresco de agua, se pasa un túnel de unos 250 metros de longitud cuesta arriba. La verdad es que no recuerdo si el suelo era adoquinado o asfaltado, pero sí recuerdo que estaba completamente mojado, que cada zancada era un patinazo y que el avance se hacía muy complicado. Divertido pero “jodido” cuando estás ya en las últimas…
Acabé contento, con capacidad para esprintar en el último kilómetro, y habiendo mantenido un ritmo medio final de 6 min/km. La próxima maratón será dentro del Ironman, en agosto. Será una experiencia completamente nueva que sin duda nada tendrá que ver con las 12 maratones corridas en estos últimos seis años.

 

Sevilla tiene un color especial…
La lesión sufrida en septiembre en la Camí de Cavalls Epic Trail de Menorca me ha dejado casi cuatro meses en la cuneta. En este tiempo, natación, algo de bici/spinning y poco más. A día de hoy, la recuperación no es del 100%. Cuando realizo sesiones de carrera  de (para mi) alta intensidad, cojeo durante dos días. Pero poco a poco voy mejorando el dichoso pie.

A 1 de enero dimos comienzo al plan de entrenamiento para el intento de asalto a la distancia Ironman en triatlón, el próximo agosto. Y el 10 de enero corro mi primera media maratón en Sitges, a ritmo lento y muy atento a las sensaciones del pie. Aguanta bien, sin más dolor y secuelas que las “normales”. Hasta esta fecha había salido a correr cuatro días desde septiembre, entre 15 y 20 km. (>> seguir leyendo).

Pasada esta media maratón y siempre que el trabajo y la agenda me lo ha permitido, he seguido los entrenamientos  planificados. En enero he sumado 30.000 metros de natación, 400 km de bicicleta (75% spinning) y 130 km de carrera a pie (75% cinta). En febrero las cifras han caído: una semana con gripe y un pre y post maratón de Sevilla tienen la culpa ;-)). Total: 19.000 metros de natación, 270 km de bici (75% spinning) y sólo 108 km de carrera a pie, incluidos los 42 km de Sevilla (!).
Por otra parte, destacar que tengo la bici nueva desde el 5 de enero y aún no me he hecho a ella. No he tenido ni el tiempo ni las circunstancias climatológicas adecuadas para salir a rodar. Debo llevar poco más de 125 km con ella.
Medallas Maratón Sevilla

En cuanto a la maratón de Sevilla, muy bien hasta el km30 (2h50m), con posibilidades de sub4h, pero a partir del km32 acusé la falta de kilometraje. Puse modo de supervivencia y a la entrada del túnel del Estadio Olímpico de La Cartuja, a 300 metros de la meta, decidí parar y esperar la llegada de Àngels, para cruzar el arco juntos. Detengo el crono en 4h10m y entro en meta 40 minutos más tarde.

 

Seguimos #ROADTOironmanVICHY2016.

Mi segundo triatlón y mi segundo Half. Una natación en el pantano que se me hizo “fácil” y un circuito de bike que me resultó duro de pelar. La segunda vuelta costó. El desnivel y mi falta de experiencia pasaron factura. La carrera a pie fue un trámite en los tramos con público y un desvanecerse en el resto. Con todo, una agradable experiencia.

Trece días después, avión camino de Menorca. Formando equipo con Jordi D, teníamos por delante la vuelta a la isla por equipos de 2, en 3 etapas de 55 km (aprox), y unos 900 m de desnivel positivo por etapa. Primera edición de la Camí de Cavalls Epic Trail. Lamentablemente no pudimos completar ni la primera etapa. Un traspié en el km 3,5 me dejó fuera de combate. Con todo, tiramos hasta el km 28 (tercer control), donde llegamos 40 minutos por debajo del corte horario pero con una incapacidad total para seguir. Decido retirarme, y con ello el equipo. Al día siguiente por la mañana cambiamos los vuelos de vuelta, y esa misma tarde acudo al hospital. Diagnóstico: esguince en el tarso del pie izquierdo. 10 días inmovilizado y después veremos…
Con todo, Camí de Cavalls Epic Trail queda pendiente. Magnífica organización y maravillosos paisajes.
Gracias Jordi D por el espíritu de equipo.

Xavi, ¿me ayudarás a aprender a nadar?
En septiembre de 2014 me puse en manos de Xavi, el entrenador de la piscina a la que acude mi mujer y mi hijo. Xavi aceptó el reto de enseñarme a nadar a los 49 años. ¿Qué hacía que quisiera aprender a nadar a estas alturas de la vida? Lo único que tiene la capacidad de “movernos”: una ilusión.
Hace nueve meses me ilusioné por  practicar un nuevo y desconocido deporte para mí, el triatlón. Siempre me ha ilusionado el descubrimiento, atraído lo desconocido y retado la incertidumbre. Fiel a mi principio de “improbable pero no imposible”, finalicé la temporada de carreras de ultradistancia por montaña pensando que el triatlón de larga distancia podría ser un emocionante escenario para próximas experiencias. ¿Sería posible? ¿Podría con ello? Decidí averiguarlo.
Pero había cuatro detalles resolver para transformar la ilusión en la experiencia satisfactoria que perseguía. El triatlón es un deporte que combina natación, ciclismo y carrera a pie en una sola competición, sin descansos intermedios entre una y otra disciplina. De estas tres disciplinas, sólo “dominaba” la carrera a pie, así que dos de estos detalles a resolver eran aprender a nadar y mantenerme sobre una bicicleta.
El tercer detalle era que nunca antes había participado en un triatlón, mi experiencia era cero, por tanto desconocía su reglamento, técnicas, tácticas y estrategias de competición.
El cuarto detalle estaba vinculado al tipo de triatlón que había elegido para mi estreno: uno de Media Distancia o Half Ironman, es decir, con distancias de 1,9 km de natación en mar abierto, 90 km de bicicleta en ruta y 21,1 km de carrera a pie. Podía haber elegido una cualquiera de las distancias menores, pero si quería ser coherente conmigo mismo, la modalidad elegida debía cumplir mi principio “improbable pero no imposible”. Por exigencia de las distancias a completar, estaba seguro de que un triatlón de media distancia cumpliría este requisito, que en el fondo implica asumir un alto riesgo de no terminarlo. Sin embargo, distancias inferiores no cumplían el requisito, al igual que no lo hacía la distancia superior, la Ironman. Las primeras por excesivamente probables y la segunda por excesivamente imposible.

Así pues, la cosa estaba clara… Descubrí el mundo del triatlón exigiéndome aprender nuevas disciplinas deportivas y preparándome para enfrentarme a unas distancias bastante respetables. Todo ello hacía que en ese momento la balanza se decantara del lado de lo imposible.
Convencido de intentarlo, ahora sólo había que decidir dónde y cuándo.

Un verdadero embarazo
Nueve meses de aprendizajes, de dudas, de miedos, de descubrimientos, de lecturas, de escuchas atentas, de preguntas en busca de respuestas a veces imposibles, de practicar y practicar, de equivocarme y equivocarme, de intentarlo y volver a intentarlo… Nueve meses de incertidumbre trabajando fuera de “mi medio natural y zona de confort”, las montañas y los Ultratrails… Nueve meses esperando y al mismo tiempo temiendo que llegara el día…
A lo largo de este aprendizaje, porque llamarlo entrenamiento sería dejar de lado lo más importante, he compartido muchas horas con Ángels, compañera de viaje en la vida y triatleta, y otras tantas con Miguel Ángel, amigo y también triatleta. Dos “ángeles de la guarda” (que coincidencia de nombres…) que también decidieron enfrentarse a su primer triatlón de media distancia. A pesar de su experiencia en distancias Sprint (750 m, 20 km y 5 km) y Olímpico (1,5 km, 40 km, 10 km), las de la Half significaban para ambos un reto mayúsculo, un nuevo límite a superar. Así pues, aunque fuera desde puntos de partida diferentes, los tres compartíamos una misma ilusión a la que en su día pusimos nombre y fecha: CHALLENGE SALOU HALF TRIATLÓN, 31 de mayo 2015.

Aprendiz de triatleta
Van pasando las semanas. Cada día aprendo algo nuevo. Cada día me doy más cuenta de cuánto me queda por aprender. Atiendo los consejos de Xavi en la piscina. Soy lento, muy lento. No avanzo, me pesan las piernas, no sé respirar, me agoto, no puedo seguir ni los ritmos ni el volumen de trabajo de mis compañeros de entrenamiento. Muchas dudas. Pero no hay marcha atrás.
Con la excusa de los Reyes Magos, en enero de 2015 me regalo una bicicleta. Es la primera bicicleta de carretera que tengo en mi vida y también la primera vez que montaré en una. Me calzo las zapatillas con calas y los pedales automáticos. Voy tres veces al suelo sin ni siquiera salir del parking. Esa noche soñé que caía de la bici en la primera rotonda que hay al final de la calle donde vivo y que el coche que circulaba por detrás me atropellaba…
¿Algún tendrás que salir a nadar al mar, no? Pues hala, vamos. Me visto por primera vez con un traje de neopreno. Me adentro en el mar sabiendo que a los pocos metros no tocaré pie en el suelo y que mis ángeles de la guarda me llevarán mar adentro hasta un punto indefinido en el horizonte en el que decidirán virar y nadar paralelos a la costa. Antes de la celebración del triatlón habré hecho un total de tres salidas a mar abierto. Por suerte y aunque cuando pasó no lo sabía, cada una de estas salidas fue con peor estado de la mar que la anterior, lo que hizo más fácil el día de la competición, con una mar muy calmada. Pude comprobar que no me mareaba, no entraba en pánico, no me preocupaba excesivamente con qué podía encontrarme en el agua… Aquellas tres salidas me dieron el mínimo de seguridad que necesitaba para enfrentarse a este medio tan antinatural para mí.Primeras salidas en bicicleta. Miedo espantoso a los coches. Miedo espantoso a las subidas. Miedo espantoso a las curvas. Miedo espantoso a las bajadas. Diferentes salidas con diferentes personas me dotaron del mínimo de confianza. Poco a poco… Un mes y medio antes de la competición decido finamente utilizar los pedales automáticos. En ningún caso he pedaleado rodeado de un gran grupo, siempre en pequeño comité, con únicamente uno o dos ciclistas al mi alrededor. Me planto en la línea de salida de la Half con unos 500 kilómetros de experiencia sobre la bici. Cuando termine, si termino, sumaré 590. ¡Miseria!

A todo esto, el entrenamiento de la carrera a pie queda un poco olvidado. No tengo mucho tiempo para dedicarme. Confío que algo quedará del entrenamiento realizado para la maratón de Barcelona, del mes de marzo.
Las últimas semanas, con Ángels, intensificamos el entrenamiento mezclando disciplinas. Nadar y correr. Correr y pedalear. Pedalear y nadar. Un domingo, con Àngels, incluso llegamos a montar un triatlón de distancia olímpica privado, a nuestro aire, para experimentar las sensaciones que tendríamos en competición en el inicio de las transiciones de una disciplina a otra. Esta experiencia de la transición no me pareció tan dramática como muchas veces la pintan. Es cuestión de conocer la reacción de tendrá en la mecánica de funcionamiento de tu cuerpo, y gestionarla en el tiempo y en el esfuerzo.
A una semana vista, reducimos al mínimo la carga de trabajo. Lo que teníamos que hacer y hasta dónde podíamos hacer, está hecho. Ahora sí que lo que sea será.

El momento del parto
31 de mayo. Desayuno potente. Ando dirección a la playa junto a Ángels y Marta, amiga de Berga que también participa. Veo por primera vez las boyas que marcan el circuito de natación. La primera boya, la que nos dirige hacia dentro, no me parece lejana. Recorro con la mirada la línea paralela a la costa que dibujan las otras boyas y tampoco me parecen una distancia que me acongoje. Nunca he nadado 1.900 metros seguidos, ni en la piscina ni en mar abierto. Hoy será el día. El mar está en calma, presenta las mejores condiciones que cualquiera de las tres veces anteriores en que me he metido en él durante estos meses. Igual incluso me gustará, pienso.

A las 07:00 dan la salida a los profesionales. A las 07:10 salen las féminas. Allí están el Ángels y Marta, junto a otras 80 valientes triatletas. Paseo por la playa y me pregunto dónde estarán ya los PRO. Miro al mar y, sorpresa, alguno de ellos aún no ha llegado a la primera boya. Esto me hace ver la realidad: la primera boya no está tan cerca como me ha parecido! Tranquilo. Me pongo en modo “estoy viendo un documental y eso no va conmigo”.
A las 07:35 toma la salida Miguel Ángel. A las 7:50 me toca el turno. Me coloco detrás, entre los últimos. Quiero evitar empujones, golpes, arañazos y otras incidencias que acontecen durante la natación en grupo (que por cierto, ¡tampoco nunca he experimentado!). Con todo, no puedo evitar dar y recibir unos cuantos manotazos, chocar de cuerpos e incluso una mano que agarra mi pie izquierdo. ¡Que no cunda el pánico! ¡Concentración!
Cuando estoy llegando a la última boya del horizonte, antes del segundo giro, veo una piragua que se acerca y me grita “Esta no es la boya, es aquella”. Acabo de regalarme unos metros extras nadando dirección Mallorca. ¡Pero no soy yo solo! Supongo que estoy en el grupo de los torpes.
Una brazada, otra brazada, otra, otra … ¡Veo el fondo del mar! ¡Cada vez más cerca de mis manos! Cuando mis dedos tocan la arena dejo de nadar y me incorporo. ¡Primer segmento superado! Salgo del agua al trote, pero sin prisa. No voy a ganar nada ni a nadie. Llego a la zona de transición y me lo tomo con mucha parsimonia. Consumo siete minutos en disfrutar lo que he hecho, sacarme el neopreno, secarme los pies, calzar calcetines y zapatillas, colocarme el casco y las gafas de sol, colgarme el dorsal, beber agua, tragarme un gel y… Camino de recoger la bici… ¡un WC! Me desvisto casi por completo (es lo que tiene utilizar según qué modelos de tritraje) y libero la vejiga.
Ahora, a concentrarse en no caer de la bici. Tengo 90 km por delante. Será mi récord. Un día hice 80 km… Voy haciendo, a mi ritmo, en solitario. Las salidas escalonadas tienen de bueno que no forman aglomeraciones, pero si sales en las últimas tandas como me ha tocado a mí, te encuentras que tienes a todo el mundo por delante y a muy pocos o nadie a tu alrededor. No me importa, ¡menos peligro para mí y para el demás!

Un día, en un rodaje de entrenamiento, me entretuve simulando recoger un bidón de agua a mi llegada a un avituallamiento, para evitar así tener que frenar y parar la bicicleta cuando fuera el momento real. Separaba mi mano derecha del manillar y la extendía. Así, varias veces. De hecho, beber en marcha tampoco lo había hecho muchas veces anteriormente, tal vez cinco o seis, también practicando. Al acercarme al punto km 22, donde estaba situado el primer avituallamiento, visualicé una y otra vez los movimientos que había entrenado con mi mano derecha para recoger el bidón. ¡Sorpresa! El avituallamiento estaba situado en el lado izquierdo. Reí al tiempo que por primera vez en la vida soltaba la mano izquierda del manillar. Ni caí yo, ni me cayó el bidón, ni ninguno de los voluntarios del avituallamiento temió por su integridad física a mi paso.
En el km 55 aproximadamente me encontré a Ángels parada en el arcén, junto a un policía y su motocicleta. Hacía unos 25 o 30 minutos que nos habíamos cruzado en la autovía de doble sentido por la que circulábamos. Al llegar a su altura me paro y pregunto. Ha pinchado la rueda trasera y el policía se ha brindado a ayudarla. Veo que llevan la cosa avanzada y planteo la posibilidad de seguir adelante, pero una simple mirada me hace entender que no es la mejor opción. Me pongo manos a la obra. El policía no es muy hábil en eso de cambiar ruedas. Nosotros aún menos. Siete días antes, nuestro amigo Moi nos había enseñado cómo hacerlo.

Cuando tenemos la rueda montada, procedemos a hinchar. Llevamos unas pequeñas bombonas de aire comprimido. El policía mira el dispositivo. Mira la válvula del neumático y sentencia “aquí falta algo”. Efectivamente, el adaptador, una pieza que no llevamos y sin la cual es imposible inyectar el aire (¡novatos!).
Esperamos que pase otro participante. Le hago señales para que se detenga. Lo hace y le pido si nos puede dejar la mancha que lleva acoplada al cuadro de la bici. Amablemente nos la cede. Pero no funciona. Paro a otro participante, Giovanni, que nos deja la suya y sigue la carrera. Esta sí que funciona. Hinchamos y nos ponemos en marcha. Prácticamente, cerramos el segmento bici. No somos los últimos pero casi.
Acompaño a Àngels durante los 35 km que restan hasta Salou. Solos en la autovía. Parece una peli de miedo. La humanidad ha sido erradicada por los extraterrestres, que nos han invadido. Somos supervivientes. Solos en el planeta, no dudamos a parar, desnudarnos (no por gusto, es que la ropa obliga) y tomarnos nuestro tiempo para un placentero y solitario pis.
Llegamos a Salou, recorremos algunas de sus calles y encaramos la recta final de bici. Allí está el buen amigo y compañero Carlos, animando con palmas y gritos.
Descalzamos las zapatillas de bici y calzamos las de correr. Fuera casco y bienvenida gorra. Crema solar. El sol pega fuerte y el calor nos hará cuesta arriba los llanos 21,1 km que ahora tenemos por delante. Salgo con Àngels y hacemos los primeros tres kilómetros juntos. Poco a poco nos vamos distanciando el uno del otro. Ella va cogiendo su ritmo y yo el mío. Nos separamos. Me siento pletórico. Los últimos cinco kilómetros me cuestan. Hay una recta que se hace eterna, sin sombra, sin público, sin más vida que los pensamientos propios y la voluntad de llegar a meta.

Finalmente cruzo la línea de llegada. Respiro profundamente. Descanso unos minutos. Busco a Miguel Ángel. No lo veo por allí. Sé que ha terminado porque nos hemos cruzado dos o tres veces en el circuito de carrera atlética, y la última vez encaraba ya la meta.
Me siento muy bien. He disfrutado mucho. La experiencia me ha gustado… Pero para que sea completa falta algo. Falta que Àngels también cruce la línea de meta. Hago el recorrido de la carrera al revés. No debe andar muy lejos. Voy haciendo a un trote lento. A un kilómetro de la meta la veo, acompañada de Carlos. Me sumo a ellos y hacemos juntos estos últimos cientos de metros. Sé cuánto le ha costado y cuánto ha tenido que sufrir para alcanzar esta meta, sin duda una de las más exigentes de su carrera deportiva, por no decir la que más. ¡Impresionante!

¿Un nuevo embarazo?
Superé el segmento natación, lo que más temía, sin más problemas que el cansancio. Superé los 90 kilómetros en bici, el avituallamiento en marcha, el cambio de cámara tras el pinchazo y el adormecimiento de los dedos del pie izquierdo. Superé el calor del sol, las irritaciones provocadas por el roce durante la carrera y el hecho desmoralizador de saber que iba de los últimos cuando en otras circunstancias no hubiera sido necesariamente así (de hecho fui el último de los 31 participantes de mi categoría V2, los mayores, que lograron cruzar la línea de meta).
Total, que sí, que antes de finalizar la carrera a pie ya sabía que estaba nuevamente embarazado. Me ilusioné de nuevo. La criatura tiene nombre, fecha y lugar de nacimiento. Consumado mi estreno en triatlón y después de haberlo hecho directamente en Media Distancia, decidí que IRONMAN BARCELONA 2016 es “improbable pero no imposible”. Así que en septiembre empezaré a aprender todo lo que necesito para jugar en esta liga superior del triatlón (3,9 km, 180 km, 42,2 km).

Agradecimientos
Desde septiembre pasado hasta el mismo día de la prueba, han sido muchas las personas que de una manera u otra han tenido que ver en convertir la la ilusión en una experiencia gratificante que me llevará a otras. Personas que durante este tiempo nos han regalado desde inspiración hasta consejos técnicos, desde motivación hasta experiencias personales, desde admiración hasta acompañamiento. A todas ellas, gracias: grupo “soparet”, con Montse, Marta, Berta, Iris, Betlem, Jordi, Marc y especialmente Xavi y Moi… Grupo “trieliteultracraks”, con Lluís, Xavi y Pep. Grupo del CAM, muy especialmente a Carlos.
Por último, no puedo cerrar esta crónica sin agradecer a Àngels y Miguel Ángel su infinita paciencia conmigo.
Aquí puedes leer la crónica que nos regaló Miguel Ángel días después de finalizar la Challenge Salou Half Triatlón 

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