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El colofón a la temporada  de competiciones 2019 ha sido el ultra trail Ultrapirineu, de 94 km y 6350 metros de desnivel positivo. Volvía a las carreras de montaña de larga distancia muy motivado. Mi objetivo era que mis amigos Belén y Eduard lograran el suyo: participar y completar su primer ultratrail.

La experiencia no pudo ser más positiva. Todos los objetivos cumplidos, incluidos los de llegar a la meta en menos de 24 horas (23:50:30) y cruzar la línea con una sonrisa dibujada en el rostro.

Fin de temporada y a prepara la de 2020.

 

 

UT CADÍ / Copa Catalana de Carreras de Ultraresistencia por Montaña
2014.07.27
80 km / D+5400 m / D-5400m
Finisher 17:22:17

Ultratrail especialmente duro por los errores de cálculo de la organización en los tiempos de corte y por el ardiente sol que nos acompañó durante todo el recorrido en la parte alta del la Sierra del Cadí. Según el reglamento, teníamos 20 horas para completar el recorrido, pero los cortes horarios estaban calculados para un máximo de 18 horas. Incluso la meta cerraba a las doce de la noche (¡saliendo a las seis de la mañana eso son 18 horas y no 20!).
Por experiencias anteriores y salvo imprevisto, 20 horas eran suficientes para mí, aunque el hecho de que tuvieran que ser 18 me preocupaba. Iría justito. >Seguir leyendo
. Sin embargo, cuando analizabas los tiempos de corte de los controles de paso, te dabas cuenta que la cosa no tenía demasiada lógica y que estaban calculados para llegar a meta en un máximo de 18 horas, no de 20. Así que, para mí, el reto de la UT Cadí no era tanto alcanzar la meta en 18 horas sino entrar en los controles de paso sin superar el tiempo de corte establecido por la organización. Una agonía de 60 km hasta superar el último corte horario.

Supero el primer corte
Salimos de La Seu d’Urgell para rápidamente subir a la Sierra del Cadí y recorrer su cresta hasta el Pas del Gosolans. Duros kilómetros de ascenso hasta el Cap de la Fesa (km 21, donde supero el primer corte horario), seguidos otros más de pedregal en la cresta. Eso sí, estoy en un escenario espectacular. Paraje precioso el del Cortal dels Cortils, aunque para llegar había que superar el descenso técnico del Costa Cabirolera. Desde Cortils, remonte y dirección al Pas dels Gosolans. Tenía muchas ganas de llegar al Pas porque significaba encarar el primer descenso prolongado de la ruta después de muchos kilómetros sumando desnivel positivo. También porque suponía alcanzar el ecuador de la prueba (km 40) y hacer el primer avituallamiento serio. Empezaba a notarme vacío. Nunca había descendido el Pas hacia Prat d’Aguiló, siempre lo había subido.

Fotografia cortesia de Núria Tomás.

Supero el segundo corte
Llego al control de Prat d’Aguiló sólo cinco minutos antes del corte horario. Allí esperaba poder comer (llevo casi ocho horas y media de tute, 40 km y más de 3.000 metros positivos), pero no tengo tiempo y salgo pitando al escuchar que el siguiente tramo de 10 km hasta Estana es muy rápido y cuesta abajo. Tengo 1h30 minutos para llegar o quedo fuera de competición. Me encuentro que el terreno no es como me han dicho: ni todo es cuesta abajo, ni tampoco rápido de correr. A los 4 km me adelantan tres corredores que son más ágiles y rápidos bajando por senderos técnicos. Van tan cabreados como yo maldiciendo lo absurdo de los tiempos de corte.
Aproximadamente a un kilómetro de llegar a Estana los pillo. Dos de ellos han tirado la toalla y van a ritmo de paseo. Me relajo y me uno a ellos. Se ha cumplido el corte horario, así que es absurdo seguir con el acelerador a fondo. Estamos fuera de carrera…
Antes de llegar a Estana llega por detrás otro corredor, con el turbo puesto. Se une al grupo y deja de correr. ¡Es del club organizador! Su cabreo es monumental y despotrica sin cortarse un pelo.

Hay que entender lo que está ocurriendo
Según los horarios de corte de la organización, tenías que llegar a Estana en menos de 10 horas (km 50 de carrera, D+3.300m y D-1.500m), mientras que para recorrer los siguientes 30 km de carrera, mucho más suaves en cuanto a desniveles y un terreno mucho más corredor, tenías otras 10 h. Así pues, te exigían un ritmo de 5km/h durante los primeros 50 km, con fuertes y prolongados desniveles positivos, y un ritmo de 3 km/h, con mucho menos desnivel para los siguientes y últimos 30 km.

Permiso para seguir 
La cuestión es que recorro los 10 km que separan Prat d’Aguiló de Estana en 1h45m, quince minutos por encima del corte horario (teniendo en cuenta que 1 km antes de llegar bajamos el ritmo al sentirnos fuera de competición). En Estana como algún sándwich de crema de cacao, fruta, gominolas… Mientras esperamos saber si estamos o no fuera de competición.
Finalmente, después de esperar y esperar, nos permiten seguir en carrera, pero no nos aseguran que en el siguiente y último corte horario nos permitan salir si llegamos fuera de tiempo. De hecho, nos dicen que allí serán estrictos. De nuevo, gas a tope para recorrer otros 10 km hasta el pueblo de Ansovell (km 60), siguiente corte horario. Entre los 15 minutos de retraso que hemos sumado hasta llegar a Estana, más el tiempo que hemos estado allí parados esperando saber si podíamos continuar o no, nos quedan poco más de hora y media para recorrer esos 10 km.
Salimos cuatro corredores juntos. El corredor que pertenece al club organizador sale lanzado y va tomando distancia. Más adelante soy yo que voy abriendo distancia con los otros dos. Me impongo el ritmo máximo que puedo para intentar recorrer los 10 km en hora y media. Sé que no podré, pero quiero intentarlo hasta que vea caer la hora de cierre en mi reloj.

Se suprimen los cortes horarios
A 2 km de Ansovell atrapo a un corredor que me comenta que abandona, que va fuera de tiempo (es cierto, aunque por pocos minutos) y que está agotado. Lo dejo atrás deseándole suerte y ánimo. Llego al control (km 60) fuera de tiempo. He empleado 1h45m aproximadamente para recorrer los 10 km. Veo a un montón de corredores sentados. Han decidido abandonar en este punto y esperan la evacuación. Entonces se me informa que ¡los cortes horarios han sido suprimidos! Escuchar esto me alegra, pues me permite seguir en carrera, pero también me exaspera porque ir con la presión que hemos ido durante tantos kilómetros por culpa de un error de cálculo toca mucho la moral y explota el físico.
El responsable máximo de la organización está en este control, así que aprovecho para exponerle mis quejas, como han hecho muchos otros antes y harán muchos otros después: llevo 60 km echando el hígado y sufriendo más de la cuenta por culpa de un error de cálculo imperdonable! ¡No es una carrera cualquiera, es una carrera oficial de la FEEC! ¡No se pueden producir errores de este tipo! Admite error, lo asume y pide disculpas.
Entiendo que haya abandonos en este punto. La moral de la gente está tocada, y cuando has decidido relajarte porque vas fuera de tiempo y fuera de carrera, es muy difícil rehacerse y seguir adelante. Antes de salir a por los últimos 20 km me dirijo al corredor que había adelantado antes de llegar a este control y que me había manifestado su deseo de abandonar. Le pregunto si está seguro, pues “sólo” quedan 20 kilómetros y es una lástima, más aún sabiendo que ya no hay más presión horaria y que dispone de ¡hasta 7 horas para recorrer eso últimos 20 km!
Jordi, que así se llama, me mira, mira al de la organización y dice “continúo, me voy con él” (conmigo). Y así salimos, mucho más apaciguados, después de saber que, ahora sí, podemos ir más tranquilos.
Diez kilómetros más adelante y después de tres en ascenso suave, último avituallamiento. Aprovecho para telefonear a mi mujer y avisarla de que antes de las once y media de la noche llegaré a La Seu d’Urgell, donde me espera.
Quedan los últimos diez kilómetros.
Una hora y cuarenta minutos después, a las 23:22 de la noche, cruzo la línea de meta. Muy buena y emotiva la llegada: espectadores aplaudiendo y gritando a lo largo de los 100 metros de alfombra hasta el arco, recibimiento personalizado por parte de los organizadores y los jueces de la FEEC, colgada de medalla al cuello y barra libre de bebidas y comida.
No puedo comer nada, solo beber.

Sin duda la edición más dura de sus 24 años de historia. El cambio en la ruta propició un terreno más técnico y menos corredor, amplió la distancia hasta los 96 km y siguió regalando a los participantes unos desniveles que sumaron más 13.000 metros. Participamos cuatro miembros del CAM Ultra Team. Sólo dos conseguimos llegar. >>>Sigue leyendo.

Tardamos 23h32m. Este es el vídeo de 6 minutos que narra la aventura en imágenes>>>

La mente es débil
Después de 21 horas en las que recorrí 92 kilómetros y superé los 10.000 metros de desnivel, falló el músculo más necesario de todos para acabar una prueba tan exigente como la Volta Cerdanya Ultrafons, de 214 km y 20.000 metros de desnivel. Sin excusas: ha fallado la mente.
Aunque todo suma (o en este caso tal vez sería más adecuado decir aunque todo resta), las altas temperaturas del viernes (hasta 32 grados) no pudieron conmigo. Tampoco las largas y silenciosas horas en solitario, ni los kilómetros, ni los desniveles, ni la noche… Pudo conmigo una larga bajada de más de una hora por terreno rocoso, a las cuatro de la madrugada, después de 90 km recorridos, que me hizo pensar más de la cuenta y fue minando mi decisión de llegar a la meta. La mente, mi mente, fue débil y sucumbió a la sugerente tentación de la retirada a mitad de recorrido.
24 horas más tarde, el domingo por la mañana, salí a correr de nuevo por la montaña. Ningún dolor ni sensación de agotamiento físico más allá del normal después del esfuerzo realizado. Sólo rasguños, escoceduras y otros recuerdos estéticos de la batalla librada. Físicamente ningún problema relevante. Estoy bien. Sin embargo… Mi mente no está bien, sigue dolorida.
He empezado la recuperación, la puesta en forma de este músculo escondido capaz de hablarnos para decantar la balanza hacia un lado u otro: he pedido a la organización que me inscriban en la edición 2015 de la Volta Cerdanya Ultrafons 214 km.
Muchas gracias a todas y todos los que me enviasteis muestras de apoyo para superar el reto. Esto sí que suma, y mucho.
Seguimos.
 

Sábado 3 de mayo de 2014. Después de tres años trazando la ruta, Dani Carull propone salir de Barcelona hasta alcanzar el inicio de la Costa Brava, el islote de La Palomera, en Blanes. Según sus cálculos, saldrán unos 90 kilómetros y aproximadamente 7.000 metros de desnivel total acumulado. La ruta es inédita, nunca antes la ha hecho nadie (que tengamos constancia), y transcurre por tres parques naturales antes de bajar de las montañas a la costa: Serra de Marina, Serra del Litoral y el Montnegre-Corredor.
La primera idea de Dani fue realizar su reto en modalidad travesía, pero finalmente decidió reconvertirlo a ultra trail en semi autosuficiencia y sub24 horas. El punto de salida es el Centro Comercial La Maquinista. >>Seguir leyendo y ver vídeo.
Son las 11 de la mañana y nos echamos a correr ilusionados por las calles de Sant Adrià del Besos. Seguiremos la ruta navegando con el track del GPS trazado en casa. Mucha pista, largas pedientes de moderada inclinación y unos senderos bastante limpios nos permiten avanzar a buen ritmo. Laura, su compañera, nos hace la asistencia y avituallamientos ligeros hasta el kilómetro 52. A partir de este punto funcionaremos en autosuficiencia.
Antes de las diez de la noche caen cuatro gotas de lluvia. Es el aviso de la que se nos viene encima. Media hora más tarde el chaparrón es interesante y la temperatura desciende de forma notable. Minutos después de las doce estamos en el punto más elevado de toda la ruta. Estamos calados y muertos de frío. Por delante tenemos entre 20 y 25 kilómetros hasta Blanes. Para no quedarnos pajaritos deberíamos hacerlos corriendo sin parar, algo que se me antoja un poco complicado después de 72 km y 6.000 metros de desnivel acumulados en nuestras piernas.
Hacemos una parada y decidimos abortar la intentona. Tenemos que bajar lo antes posible de la montaña y buscar refugio en algún pueblo… Truenos en el cielo… Frío, mucho frío. Analizando posibilidades en el GPS, nos decidimos por coger una pista en descenso hasta un pueblo que calculamos a dos kilómetros del punto donde nos encontramos. Sigue lloviendo con intensidad. Cuando llevamos algo así como 4 km al trote, no hay rastro del pueblo. Hacia el kilómetro 5 entramos en una urbanización. Lo que en la pantalla del GPS nos pareció un pueblo (grande) resultó ser una macro urbanización «sin vida» aparente.
Cerca de las tres de la mañana logramos refugiarnos de la lluvia en un cobertizo. Ubicamos correctamente nuestra posición y llamamos a Laura para que nos consiga el teléfono de algún taxista de la zona. En cinco minutos estamos pidiendo un servicio… Que tardará en llegar. «¡Cómo se os ocurre salir de excursión de noche!»- nos dice el taxista al ver nuestro lamentable estado. «No, si cuando hemos salido era de día, de hecho eran las once de la mañana en Barcelona…» El hombre nos mira por el retrovisor y hace una mueca de no entender nada… Le explicamos la odisea. «¿Y estas cosas las hacéis amenudo?» A las 4 de la mañana el taxi nos deja en Blanes.

Dos días después
Le envío un Whatsapp a Dani: «¿Qué te parece si el próximo viernes por la tarde acabamos lo que empezamos?». La respuesta no tarda en llegar, y el viernes 9 de mayo, a las cinco de la tarde, retomamos el reto allí donde lo habíamos dejado.
En menos de tres horas bajamos desde el punto más alto de la sierra hasta La Palomera, Blanes. 21 kilómetros de puro placer, de día, a pleno sol, con una temperatuira soportable y por un terreno muy rápido. Además, el agua de la Costa Brava nos esperaba para el primer baño de la temporada.
Reto superado: 93 km, 7.000 metros de desnivel total acumulado y 15h30m. Calculamos que en modalidad non-stop el tiempo total necesario hubiera sido de 16h30m.

Los Ultra Trails o carreras de ultrafondo a pie en un entorno natural empiezan a partir de la distancia Trail (42 km). La International Trail Running Association (ITRA) las clasifica en función del kilometraje: Ultra M (entre 42 y 69 km),Ultra L (entre 70 y 99 km) y Ultra XL (100 km o más). Nombres como Ultra Cavalls del Vent, Transvulcania, Gran Trail de Peñalara o Ehunmilak son algunas de las más conocidas del calendario nacional. El Ultra Trail du Mont Blanc (UTMB) es la “ultra” por excelencia, la más famosa de Europa y una de las más exigentes del mundo. Todas ellas proponen rutas de distancia igual o superior a los 100 kilómetros y desniveles que se cuentan por miles de metros. Contrariamente a lo que puede parecer, los Ultra Trails no son carreras exclusivas para superhombres.
Prueba de ello es que soy corredor de Ultra Trails y nada tengo que ver con los superhombres. Tampoco son pruebas destinadas a gente “un poco loca”. Nada más lejos de la realidad. Cualquier prueba “ultra” supone asumir la existencia de factores y riesgos de diversa índole que hay que valorar, gestionar y resolver antes, durante y después de la competición. Las “ultras” exigen el máximo al cuerpo y a la mente, poniendo en juego nuestra salud, integridad física y, en casos extremos, incluso la vida del corredor. Eso sí, todos los amantes de esta disciplina coincidimos en afirmar que se trata de una experiencia increíble por todo lo que nos reporta, que es mucho y tal vez motivo de un próximo artículo.
Para ponernos en situación, los corredores de élite –el más renombrado en estas latitudes es Kilian Jornet- invierten alrededor de diez horas en un recorrido para el que los corredores del montón invertimos veinte o más. Por poner un ejemplo, los 100 km y 13.000 metros de desnivel total acumulado de la pasada edición de la Ultra Cavalls del Vent ocuparon a Luis Alberto Hernando, primer clasificado masculino, 10h27m. El último clasificado cruzó la línea de llegada en 27h41m, a tan solo diecinueve minutos del cierre de la carrera.
En las distancias ultra, el simple hecho de cruzar la meta es todo un éxito: de los 1.050 corredores que tomaron la salida en Ultra Cavalls del Vent 2013, solo 626 completaron el recorrido. Así pues, menos del 60 por ciento de los atletas alcanzó su objetivo de convertirse en “finishers”. ¿Cómo lo consiguieron? Las claves pueden ser muchas, tantas como “finishers”, pero en un intento de compendiar las fundamentales, se me ocurren las siguientes.

1.- Elige bien tu la carrera.Antes de llegar al “mundo ultra” sería lógico haber seguido una cierta progresión. Esta se inicia con carreras de distancia trail. El siguiente paso nos llevaría a las distancias ultra, siguiendo la progresión M, L y, finalmente, XL. Cada atleta encontrará su distancia justa, aquella en la que disfruta, que no necesariamente será la XL. La distancia y los desniveles ponen a cada uno en su sitio y centran los objetivos a través de la experiencia y las sensaciones percibidas. Por si sirve de inspiración, una de las condiciones que debe cumplir una carrera para despertar mi interés es que debo considerarla un reto improbable pero no imposible. Dicho de otro modo, que mis posibilidades de acabar todo el recorrido dentro del tiempo máximo otorgado por la organización sean del 51%. En el otro extremo, si las probabilidades son del 100%, la cosa ya no me motiva tanto.

2.- Entrena el cuerpo y sobre todo la mente.Acabar una “ultra” es más cuestión de mente que de cuerpo. El entrenamiento mental es tan necesario como el físico. Si no se producen lesiones o caídas durante la carrera y la preparación física ha sido adecuada al reto, lo que definitivamente nos convertirá en finishers será nuestra capacidad de superar los bajones mentales que se producirán, ineludiblemente, a lo largo de las horas. En esos momentos, cuando lo fácil es tirar la toalla y abandonar, seguir adelante dependerá de nuestra capacidad de automotivarnos, de perseverar en el objetivo, del positivismo con que enfoquemos el momento presente y el futuro inmediato, y de mil y un recursos más, como escuchar una determinada música o elegir la compañía de otro corredor. Tanto es así, que algunos de los mejores entrenamientos que hacemos los “ultras” son aquellos que se encargan de doblegar la mente, como por ejemplo salir a correr cuando no apetece o no estamos motivados para hacerlo porque hace frío, llueve, es de noche o no tenemos compañero con quien compartir entrenamiento. Acostumbrarnos a desoír esa voz interior que nos susurra seguir en el sofá es lo que más tarde, durante la carrera, nos ayudará a seguir adelante. Porque durante la carrera tendremos momentos críticos en los que aparecerá la vocecita. Haber aprendido a desobedecerla marcará la diferencia entre dar un paso más o abandonar.

3.- Establece una estrategia.En mi caso, la carrera se divide en pequeños objetivos. Cada control de paso, punto de vida o avituallamiento es uno de ellos. Mi única preocupación es llegar al siguiente lo antes posible con el mínimo desgaste. La meta es el gran objetivo, pero no se alcanza sin antes superar los subobjetivos. En el caso de carreras muy largas, de más de 100 km, divido la carrera en tramos de menor kilometraje a modo de submetas, transformando lo aparentemente inasequible en asequible. Una vez alcanzada cada submeta valoro mi estado y lo que necesito para seguir hasta la siguiente submeta (líquidos, sólidos, curas…).


4.- Estudia la carrera.La ventaja de saber a lo que te enfrentas permite prever y planificar acciones y tomar decisiones en función de lo que tienes delante. En este sentido, es importante atender a la información técnica que ofrecen los organizadores: altimetría, topografía, puntos de control, puntos de descanso… Un “viaje” por la ruta a vista de pájaro con Google Earth ayuda mucho, aunque nada mejor que pisar el terreno durante los días previos a la competición. Todo esto nos ayudará a gestionar nuestras fuerzas, administrar la ingesta de alimentos, líquidos y suplementos (geles, barritas energéticas…) o decidir qué equipamiento necesitaremos llevar encima en todo momento.

5.- Elige bien la compañía.Muchas veces participamos en equipo. Otras veces solos, aunque acabaremos compartiendo kilómetros y horas con este o aquel corredor, que alcanzamos o nos alcanza. En cualquiera de los dos casos, elegir bien al compañero o compañeros de viaje es fundamental para lograr el objetivo de cruzar la meta. Hay personas que suman y otras que restan capacidades al equipo. Las primeras apuntan hacia adelante con optimismo y cuesta que se rindan; las segundas lo hacen con pesimismo y suelen rendirse a la primera de cambio. Acabar depende sólo de uno mismo y sus circunstancias… Entre esas circunstancias está el carácter de tu compañero.

6.- No viene de cinco minutos. Si no eres de los que aspiran a pódium ni eres un tipo súper competitivo, entenderás que, en general, en el mundo “ultra” no existan los segundos ni los minutos. Hablamos de horas y cuartos de hora. A lo sumo redondeamos de cinco en cinco los minutos. El reto no es otro que aguantar y llegar dentro del tiempo máximo que indica la organización. Si se hace con un crono u otro es secundario para la mayoría de participantes, porque esa inmensa mayoría tiene como ambicioso objetivo el simple hecho de cruzar la meta. Eso no quita que lo intentemos en el menor tiempo posible, pero anteponiendo el “objetivo supremo” de acabar. Son muchos los que anteponen el crono, algo muy respetable pero tal vez poco práctico en vista del volumen de lesiones por roturas musculares o caídas accidentales que provoca este planteamiento . Pero para gustos no hay nada escrito.


7.- Escucha a tu cuerpo.Antes decíamos que hay que desoír los susurros de la mente. Con el cuerpo es muy sano hacer todo lo contrario: escucharlo atentamente y hacerle caso. Cualquier pequeña molestia acaba convirtiéndose en motivo de un potencial de abandono. Desde una simple piedrecita en el interior de la zapatilla hasta un ligero dolor muscular, desde el roce de la camiseta en los pezones hasta una mala protección solar sobre la piel, desde la sensación de sed hasta la sensación de frío… El cuerpo siempre avisa antes de “romperse”. Si atendemos al aviso, casi siempre podremos poner remedio y retomar la marcha. Hipotermias, golpes de calor, lesiones musculares o “pájaras” son algunos ejemplos resultantes de desoír lo que nos dice el cuerpo. En todos estos casos, como en otros, las consecuencias pueden ser nefastas e incluso funestas.

8.- Come, bebe, descansa, duerme.Cada uno sabe qué, cuándo, cuánto y cómo debe nutrirse, hidratarse y recuperarse. O al menos debería saberlo quien se enfrenta a una “ultra”. Entre otras cosas, porque es imprescindible para que el cuerpo y la mente resistan. Comer, beber y descansar, incluso dormir, forman parte de la estrategia de carrera, por eso hay que planificarlo antes del inicio y cumplir el plan a rajatabla. Hay muchas teorías de cómo hacerlo, pero cada maestrillo tiene su librillo: comer cada hora u hora y media, hidratarse cada veinte minutos, dormir unas horas o unos minutos (en distancias superiores a 150 km es normal e incluso necesario hacerlo para los “ultras” normales), etc. El qué cada cual debe experimentarlo previamente. Hay quien tira de pequeños bocadillos de crema de cacao, o de fruta, o de geles y barritas energéticas, de bebidas isotónicas, de bebidas de alto contenido en azúcares… Generalmente utilizamos una mezcla de todo lo anterior y más que nos reponga todos los nutrientes, sales, azúcares y minerales que vamos perdiendo. Importante no experimentar con ningún producto (sólido o líquido) el mismo día de la competición. Hay que haberlo probado antes en condiciones similares de uso para saber si nos sienta bien o no. Las pruebas el mismo día de la carrera suelen pagarse con mareos, vómitos, descomposición y retirada. Punto y aparte son los premios. Sí, pequeños caprichos en forma de caramelos, chocolatinas o cualquier otro producto alimenticio cuya función no es tanto alimentar el cuerpo como el de alimentar la mente. Saber que en el siguiente control o avituallamiento te vas a “premiar” con aquello que tanto te gusta es un aliciente para llegar al punto y un revitalizador para salir contento hacia el siguiente.

9.- Diviértete mientras sufres.Parece mentira que alguien pueda disfrutar subiendo y bajando montañas a ritmo durante 10, 15, 20 o 56 horas. Pero es así, si no, no lo haríamos. ¿Sufrimos? Por supuesto. Un famoso corredor americano afirma que a lo largo de las horas, en este tipo de pruebas se muere varias veces y se resucita otras tantas. De hecho, se resucita siempre una más que se muere… Forma parte del juego saber que vas “a morir” una y otra vez, pero al mismo tiempo tener la certeza de que es una muerte pasajera y que “resucitarás” si aguantas. A lo largo de las horas te preguntas una y otra vez qué estás haciendo, porqué lo estás haciendo, quién te manda a ti meterte en esto… Te duele esto y aquello… Estás muerto de frío cuando hace unas horas andabas agobiado de calor… En fin, que vives en una agonía permanente, pero has aprendido a resistirla y a superarla.

10.- No pienses mucho: siente y emociónate.Las “ultras” son una de esas actividades que aparentemente ni tienen explicación lógica practicarlas, ni tampoco son fáciles de explicar. De hecho, personalmente he desistido de explicar el porqué a según quien. Forman parte de esas experiencias que hay que vivirlas para entenderlas… Y sin pensarlas demasiado… O no las haríamos. Simplemente hay que prepararse. ¡Ah, y dar el primer paso! Esto último es lo único verdaderamente imprescindible para cruzar la línea de meta.

Gracias por leerme.