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En el 2020 cumpliré 55 años. A los 50 me propuse el objetivo #Improvable_pero_no_imposible de participar y completar un Ironman. Para ello, tuve que aprender a nadar y a montar en bici.

En 2016 participé en el de Vichy y abandoné. Aprendí. En 2017 y 2018 crucé la línea de meta del IM Barcelona. En 2019 también lo logré en IM Vitoria. Para celebrar mi 55 aniversario (dos 5), en 2020 volveré a participar en IM Barcelona y IM Vitoria y de este modo completar el proyecto 5 IRONMAN 5 AÑOS. ¿Dos en un mismo año? Bueno, es que si no lo hago así, los números no cuadran… ¡El eje vertebrador del proyecto es el 5! 55 años, 5 ironman, 5 años. Y después del DNF de Vichy… Pues en 2020 tocan 2.
¿Y porqué repito Vitoria y Barcelona? Primero, porque uno es en julio y otro en octubre, tiempo suficiente para recuperarme del primero y afrontar con garantías físicas el segundo. Segundo, por economía. En ambos casos, desplazamiento en coche y poco gasto en hoteles. La economía está muy mala. Tercero, no hay desniveles importantes en el segmento de ciclismo, aunque la natación en Vitoria es en agua dulce y eso me penaliza unos minutos. Cuarto, puedo tener familiares y amigos dando apoyo.
Total, que sí, que ya estoy inscrito a los dos IM.

#5X5_IRONMAN_PROJECT #ironmanfinisher #ironman @ironmantrispain #ironmantraining #ironmantriatlon

Tot comença al 2001, caminant per la muntanya amb el meu fill a l’esquena. Primeres ascensions als Pirineus i serralades properes a Barcelona. Al 2002 començo amb les travesses (Carros de Foc, etc), les marxes de resistència de la FEEC i primer 4.000, als Alps.
2003 seguim amb les marxes de resistència, primera mitja marató i entrenament d’alta muntanya per a un objectiu que acabaria frustrat per lesió: Aconcagua 2004.
La muntanya centrà pràcticament el cent per cent de la meva dedicació esportiva (i formativa). Córrer és una forma de mantenir-se en forma per aquesta activitat. Es succeeixen més 4000 als Alps, al Marroc, assolim el Kilimanjaro i també l’Elbrus, el sostre d’Europa, al Càucas.(>>seguir llegint)

Fins l’any 2009 es pot dir que no hi ha competició esportiva. Però el repte d’una primera marató dona un important gir a la meva activitat esportiva. La marató de San Sebastián es converteix en el gran repte.
El període 2009 – 2014 el dedico principalment a córrer: mitges, maratons i el salt a les curses d’ultraresistència per muntanya i d’ultrafons. En aquest període participo en 7 mitges maratons, 8 maratons, 20 ultres, de les que n’acabo 15, i altres curses de muntanya i asfalt més curtes o pertanyents a la categoria de marxes de resistència de fins a 85 km.
Del 2015 al 2017, faig un salt a una nova disciplina, el triatló de mitja i llarga distància. El primer any aprenc a nedar i a pedalar i ja participo en un primer half triatló. Desprès en vindran 4 més (1 per relleus) i 2 Ironman (em retiro en el primer, 2016, i completo el segon, 2017). En el mateix període i dins el pla d’entrenament que segueixo, corro 3 mitges maratons, 4 maratons, 2 ultratrails (1 per relleus) i 3 travessies nedant de 2, 3,5 i 7 km de distància.
Per 2018, segueixo en la línia d’aquests últims anys: 1 mitja (Granollers), 1 marató (Barcelona), 1 ultra per relleus (Garmin Team Trail), 1 ultra en solitari (Ultra Cap de Creus), 2 mig Ironman (Salou i Vichy) i 1 Ironman (Barcelona).
Però… El pensament per 2019 és tornar a l’alta muntanya…

CURRÍCULUM COMPETICIONS (finisher)
Mitges maratons en ruta: 15
Maratons en ruta: 12
Ultrafons: 15
Half Triatló: 4
Triatló Ironman: 1

Una de las actividades más exitantes y gratificantes de este verano ha sido los 7000 metros nadando en el Pantà de La Baells.

 

Después de darle unas cuantas vueltas al tema, comprobar que la mucosidad disminuye y el resfriado amaina, el domingo intentaré de nuevo superar un triatlón de distancia Ironman. Una semana después de haberlo intentado en Vichy, bajo unas condiciones de natación duras para mí y los efectos de un inoportuno resfriado, mi estado físico todavía es el apropiado. El plan de entrenamiento que he seguido preveía llegar en el mejor estado de forma para el día 28. El día 4 habrá transcurrido una semana, un plazo de tiempo cercano “al punto óptimo”. Otra cosa es si el resfriado remanente y mis propias capacidades estarán a la altura… Así pues, el próximo domingo, vuelvo a intentarlo.

Breve crónica del Ironman Vichy
Mis resfriados duran 9-10 días. A mediados de semana empiezo a estornudar, dolor de garganta y mucosidad. Salimos a rodar en bici los días previos, y no funciono. Me reservo de correr los 15 días previos, porque mi gemelo derecho y empeine izquierdo me han dado avisos de sobrecarga. Si han de romper, que lo hagan el día del Ironman, no vaya a ser que no pueda ni tomar la salida.
La temperatura en Vichy es altísima. Llegamos a ver los 40ºC. Anuncios radiofónicos de “abstener de practicar deportes en el exterior”. En el mejor de los casos, nosotros estaremos solo unas 15 horas practicando deporte en el exterior…
Dos días antes recibimos mensaje de la organización: prohibido nadar con neopreno dado que la temperatura del agua supera en 0,3ºC la temperatura de corte de 24ºC. Nadamos en un rio, en agua dulce. Para mí, que de nadador tengo poco, esto es un jarro de agua fría.
La noche anterior sufro décimas de fiebre.
Nos levantamos a las 04:15h, desayunamos y a las 06:00 estamos en boxes. En bañador. Nunca antes había nadado 4.000 metros “a pelo”. Me resigno. Tengo la opción de no saltar al agua, pero no se me pasa por la cabeza: estoy seguro de conseguirlo, aunque también estoy seguro de que me costará muchísimo. En el peor de los casos, ya me sacarán del agua.
A las 07:25 al agua. Temperatura agradable. Agua verde. No se ve absolutamente nada. Algunos golpes, choques, arañazos… Pero menos de los que esperaba. Los metros no pasan. Salgo de la primera vuelta (1.900m) y cuando veo el crono me horrorizo: 00:53:00. Me lanzo a por la segunda vuelta y los metros siguen sin pasar. Salgo del agua a trompicones, tremendamente cansado: 02:06:25, unos 40 minutos por encima del tiempo previsto.
Hago la transición con tranquilidad. Intento recuperarme. Me preparo el batido nutricional y me lo bebo. Salgo a por la bici.
A los 40 kilómetros compruebo que la media de velocidad que llevo es muy baja, entre 2-3 km por debajo de la que me correspondería. Voy bien alimentado y el cansancio no desaparece. Sigo sin subir media de velocidad. Estoy en el km70 y empieza a llover. Contra todo pronóstico, hemos pasado de un riesgo de insolación brutal a una tormenta interesante.
Km80 y no he alcanzado a Àngels, que ha salido 15 minutos antes que yo del agua. En condiciones normales, yo hubiera salido antes del agua o, en todo caso, la hubiera alcanzado en los primeros kilómetros de ciclismo. Después de ocho meses entrenando juntos, conocemos muy bien los tiempos y ritmos de uno y otro. Analizo qué está ocurriendo y llego a la conclusión de que no es mi día. Llevo la preparación adecuada para llegar a la maratón y sufrirla. No puede ser que en este punto de la carrera no funcione. Decido abandonar la competición en el km90.
Creo que el inoportuno resfriado me tumbó antes que el propio Ironman.
Àngels cicló los 180 km de bicicleta, una distancia que superaba en 75 km la máxima que había pedaleado jamás. Lamentablemente, entró 1 minuto (sí, 1 minuto) por encima del tiempo de corte de natación más ciclismo, que la organización estipulaba en 10 horas. Descalificada.
Aquí acabó este primer intento a la distancia Ironman.

Segundo intento: Triatlón En Solitario
Es necesario aclarar varias cosas. La primera es que esta vez no será en el marco de ninguna competición oficial, y por tanto no tendrá tampoco ningún reconocimiento oficial. Estará controlado y justificado vía seguimiento fotográfico de cronógrafos y cuenta kilómetros. También por aquellos que queráis acercaros a algún punto de los segmentos de natación, ciclismo y carrera a pie. En cualquier caso, lo hago por mí y para mí. Hasta donde llegue y sin excusas.
La segunda es que lo haré en solitario. No habrá nadie más “compitiendo”, ni delante, ni detrás, ni a los lados. Solo. Acostumbrado a ser de los últimos y al no-drafting en ciclismo, esto no debería ser un problema. Veremos cómo lo llevo en la realidad. No obstante, será de agradecer si alguien se anima a acompañarme en algún tramo de cualquiera de los tres segmentos.
La tercera aclaración concierne al tema transiciones y avituallamientos. En el momento de salir del agua tengo una transición de unos 100 metros hasta la bicicleta. Al dejar la bicicleta no hay desplazamiento de transición, empiezo a correr.
En cuanto a los avituallamientos, además de los dos de las transiciones, durante el segmento de bicicleta tendré 4 puntos de agua (fuentes) y 4 más de sólido y líquido. Durante el segmento de carrera a pie, pasaré 4 veces por una fuente y otras cuatro por el punto de avituallamiento de sólido y líquido.
El soporte de seguimiento y avituallamiento corre a cargo de mi triatleta favorita Àngels Salvador Maldonado.
Finalmente, la última aclaración es que me regiré por el reglamento horario de Ironman, con 10 horas máximo para natación y ciclismo, y 16 horas máximo para completar los 225 km totales. Utilizaré neopreno en la natación.

Algunas cuestiones más
Para acabar, respondo a una pregunta que me ha formulado mi hija y que es posible que también esté en la mente de alguien más: “¿Y por qué no dices todo esto después de hacerlo? ¿Y si no lo consigues? ¿Volverás a decir que no has podido?”. Es cierto que muchas personas optan por la invisibilidad. A estas, las respeto profundamente, porque para “hacer” no es requisito “publicitar”. Otras muchas, a las que respeto en otra medida, solo hablan de lo conseguido, de los logros, de los éxitos. Suelen olvidar el “no éxito” o esconder el fracaso, generalmente por miedo al qué dirán o por desvirtuar una falsa imagen creada.
Por mi parte, deportivamente hablando he fracasado más que he triunfado, tanto que no me importa hacerlo una vez más y las que vengan. Es el riesgo de aventurarse a todo aquello que supone un final incierto, al hecho de alejarse de la zona de confort y de la seguridad de lo rápido, fácil, alcanzable o conocido. Con el tiempo me he ido descubriendo a mí mismo, hasta encontrarme con alguien que está hecho para ilusionarse, desarrollar y crecer en proyectos improbables pero no imposibles.
Hace tiempo decidí que los objetivos, para que lo fueran de verdad y no simples deseos, debían ponerse negro sobre blanco. Las palabras solo dichas, se las lleva el viento. Las palabras escritas, quedan. Escribir qué voy a hacer me ayuda a convertir las ideas en proyectos concretos, después de un proceso de análisis, valoración y preparación. Compartir públicamente lo que voy a hacer me compromete a hacerlo. Ser sincero conmigo y con los demás me exige dar cuentas públicas del resultado, sea éste el que sea.
Esto último me anima a superar momentos difíciles durante la actividad, pero no me desalienta a exponerme públicamente delante de un objetivo final no alcanzado. No tengo miedo al fracaso, porque a la par que el éxito, forma parte intrínseca y posible de cuanto hago. A mi entender, el éxito no está en la meta, está en la decisión de ponerse en marcha, realizar el proceso y avanzar hacia el objetivo. Pero no quiero engañar a nadie: ¿Quiero superar ese objetivo que yo mismo me he propuesto? ¡Por supuesto que sí! ¿Me disgustará no conseguirlo? ¡Por supuesto que sí! ¿Entonces… Por qué…? Simple: quiero saber si podré hacerlo, y eso supone poner todo el empeño en ello, pero también aceptar sin reparos el hecho de no conseguirlo. Me motiva todo aquello que para mi suponga un final incierto.
Este es el segundo asalto a la distancia más larga del triatlón. En otras ocasiones he necesitado hasta tres para superar una carrera improbable para mí pero que finalmente resultó posible. Y como ocurrió entonces, los aprendizajes durante los procesos fueron mucho más enriquecedores y duraderos que la efímera victoria.
Para terminar, agradezco las muestras de apoyo que he recibido durante esta semana, y muy especialmente la de aquellos que intuisteis qué rondaba por mi cabeza en mi último post en Facebook (“Quizás el final de esta experiencia no será exactamente como la conocéis. Dentro de mi cabeza toma fuerza un pensamiento qu eme hace vibrar. ¿Y si el próximo domingo fuera posible?”).
Vuestras respuestas me han ayudado mucho a tomar la decisión de volver a intentarlo este domingo.
Si el domingo andáis por la zona y me reconocéis, regalarme un grito de ánimo. No solo lo agradeceré, también lo necesitaré.
Muchas gracias.

Ayer fui al cine, algo poco habitual en mi. Acudí a ver “La sal de la tierra” después de leer los comentarios de un amigo en Facebook con el que descubro que comparto mucho más que la simple afición a los retos y las distancias (gracias, Jaume Terés ).
“La sal de la tierra” es un repaso a la trayectoria artística de la obra del fotógrafo brasileño Sebastiao Salgado. De hecho, es un repaso en toda regla a la “obra” de la Humanidad. Casi dos horas de una fotografía estática y cinematográfica sublime dirigida por Wim Wenders y Julian Ribeiro Salgado, hijo del propio Sebastiao. La música de Laurent Petitgand pone la guinda a esta cinta de corte documental.
En esta cinta intimista, Salgado narra sus experiencias vitales detrás de la cámara, sus reflexiones, decepciones y ruptura con la Humanidad. Es la historia de un camino, el que recorre el Hombre durante la vida, desde el nacimiento hasta la muerte.
Pero también es un canto a la esperanza, un ejemplo de acción para el cambio, una ventana abierta hacia un horizonte natural armónico.
Poesía visual sobre la Humanidad, su pasado, presente y posible futuro.
No desvelaré nada más.
Después de esta experiencia, espero la llegada a las pantallas de “Vivir sin parar”, otra historia inspiradora y motivadora sobre el mismo camino de la vida hacia la muerte. En esta ocasión el protagonista llena de sentido (¡vida!) las últimas etapas del camino.
Dejó aquí los dos trailers y animo a verlas.
“Torrente 5” puede esperar… Estas dos no, porque no estarán mucho tiempo en el circuito comercial.

Galardones de «La sal de la tierra»:
2014: Festival de Cannes: Premio Especial del Jurado («Un Certain Regard»)
2014: Festival de San Sebastián: Premio del Público

LA SAL DE LA TIERRA
La mayoría de cines la proyectan en VOSE, pero en Barcelona tambén se encuentra doblada al castellano (cine Aribau Club)

VIVIR SIN PARAR

UT CADÍ / Copa Catalana de Carreras de Ultraresistencia por Montaña
2014.07.27
80 km / D+5400 m / D-5400m
Finisher 17:22:17

Ultratrail especialmente duro por los errores de cálculo de la organización en los tiempos de corte y por el ardiente sol que nos acompañó durante todo el recorrido en la parte alta del la Sierra del Cadí. Según el reglamento, teníamos 20 horas para completar el recorrido, pero los cortes horarios estaban calculados para un máximo de 18 horas. Incluso la meta cerraba a las doce de la noche (¡saliendo a las seis de la mañana eso son 18 horas y no 20!).
Por experiencias anteriores y salvo imprevisto, 20 horas eran suficientes para mí, aunque el hecho de que tuvieran que ser 18 me preocupaba. Iría justito. >Seguir leyendo
. Sin embargo, cuando analizabas los tiempos de corte de los controles de paso, te dabas cuenta que la cosa no tenía demasiada lógica y que estaban calculados para llegar a meta en un máximo de 18 horas, no de 20. Así que, para mí, el reto de la UT Cadí no era tanto alcanzar la meta en 18 horas sino entrar en los controles de paso sin superar el tiempo de corte establecido por la organización. Una agonía de 60 km hasta superar el último corte horario.

Supero el primer corte
Salimos de La Seu d’Urgell para rápidamente subir a la Sierra del Cadí y recorrer su cresta hasta el Pas del Gosolans. Duros kilómetros de ascenso hasta el Cap de la Fesa (km 21, donde supero el primer corte horario), seguidos otros más de pedregal en la cresta. Eso sí, estoy en un escenario espectacular. Paraje precioso el del Cortal dels Cortils, aunque para llegar había que superar el descenso técnico del Costa Cabirolera. Desde Cortils, remonte y dirección al Pas dels Gosolans. Tenía muchas ganas de llegar al Pas porque significaba encarar el primer descenso prolongado de la ruta después de muchos kilómetros sumando desnivel positivo. También porque suponía alcanzar el ecuador de la prueba (km 40) y hacer el primer avituallamiento serio. Empezaba a notarme vacío. Nunca había descendido el Pas hacia Prat d’Aguiló, siempre lo había subido.

Fotografia cortesia de Núria Tomás.

Supero el segundo corte
Llego al control de Prat d’Aguiló sólo cinco minutos antes del corte horario. Allí esperaba poder comer (llevo casi ocho horas y media de tute, 40 km y más de 3.000 metros positivos), pero no tengo tiempo y salgo pitando al escuchar que el siguiente tramo de 10 km hasta Estana es muy rápido y cuesta abajo. Tengo 1h30 minutos para llegar o quedo fuera de competición. Me encuentro que el terreno no es como me han dicho: ni todo es cuesta abajo, ni tampoco rápido de correr. A los 4 km me adelantan tres corredores que son más ágiles y rápidos bajando por senderos técnicos. Van tan cabreados como yo maldiciendo lo absurdo de los tiempos de corte.
Aproximadamente a un kilómetro de llegar a Estana los pillo. Dos de ellos han tirado la toalla y van a ritmo de paseo. Me relajo y me uno a ellos. Se ha cumplido el corte horario, así que es absurdo seguir con el acelerador a fondo. Estamos fuera de carrera…
Antes de llegar a Estana llega por detrás otro corredor, con el turbo puesto. Se une al grupo y deja de correr. ¡Es del club organizador! Su cabreo es monumental y despotrica sin cortarse un pelo.

Hay que entender lo que está ocurriendo
Según los horarios de corte de la organización, tenías que llegar a Estana en menos de 10 horas (km 50 de carrera, D+3.300m y D-1.500m), mientras que para recorrer los siguientes 30 km de carrera, mucho más suaves en cuanto a desniveles y un terreno mucho más corredor, tenías otras 10 h. Así pues, te exigían un ritmo de 5km/h durante los primeros 50 km, con fuertes y prolongados desniveles positivos, y un ritmo de 3 km/h, con mucho menos desnivel para los siguientes y últimos 30 km.

Permiso para seguir 
La cuestión es que recorro los 10 km que separan Prat d’Aguiló de Estana en 1h45m, quince minutos por encima del corte horario (teniendo en cuenta que 1 km antes de llegar bajamos el ritmo al sentirnos fuera de competición). En Estana como algún sándwich de crema de cacao, fruta, gominolas… Mientras esperamos saber si estamos o no fuera de competición.
Finalmente, después de esperar y esperar, nos permiten seguir en carrera, pero no nos aseguran que en el siguiente y último corte horario nos permitan salir si llegamos fuera de tiempo. De hecho, nos dicen que allí serán estrictos. De nuevo, gas a tope para recorrer otros 10 km hasta el pueblo de Ansovell (km 60), siguiente corte horario. Entre los 15 minutos de retraso que hemos sumado hasta llegar a Estana, más el tiempo que hemos estado allí parados esperando saber si podíamos continuar o no, nos quedan poco más de hora y media para recorrer esos 10 km.
Salimos cuatro corredores juntos. El corredor que pertenece al club organizador sale lanzado y va tomando distancia. Más adelante soy yo que voy abriendo distancia con los otros dos. Me impongo el ritmo máximo que puedo para intentar recorrer los 10 km en hora y media. Sé que no podré, pero quiero intentarlo hasta que vea caer la hora de cierre en mi reloj.

Se suprimen los cortes horarios
A 2 km de Ansovell atrapo a un corredor que me comenta que abandona, que va fuera de tiempo (es cierto, aunque por pocos minutos) y que está agotado. Lo dejo atrás deseándole suerte y ánimo. Llego al control (km 60) fuera de tiempo. He empleado 1h45m aproximadamente para recorrer los 10 km. Veo a un montón de corredores sentados. Han decidido abandonar en este punto y esperan la evacuación. Entonces se me informa que ¡los cortes horarios han sido suprimidos! Escuchar esto me alegra, pues me permite seguir en carrera, pero también me exaspera porque ir con la presión que hemos ido durante tantos kilómetros por culpa de un error de cálculo toca mucho la moral y explota el físico.
El responsable máximo de la organización está en este control, así que aprovecho para exponerle mis quejas, como han hecho muchos otros antes y harán muchos otros después: llevo 60 km echando el hígado y sufriendo más de la cuenta por culpa de un error de cálculo imperdonable! ¡No es una carrera cualquiera, es una carrera oficial de la FEEC! ¡No se pueden producir errores de este tipo! Admite error, lo asume y pide disculpas.
Entiendo que haya abandonos en este punto. La moral de la gente está tocada, y cuando has decidido relajarte porque vas fuera de tiempo y fuera de carrera, es muy difícil rehacerse y seguir adelante. Antes de salir a por los últimos 20 km me dirijo al corredor que había adelantado antes de llegar a este control y que me había manifestado su deseo de abandonar. Le pregunto si está seguro, pues “sólo” quedan 20 kilómetros y es una lástima, más aún sabiendo que ya no hay más presión horaria y que dispone de ¡hasta 7 horas para recorrer eso últimos 20 km!
Jordi, que así se llama, me mira, mira al de la organización y dice “continúo, me voy con él” (conmigo). Y así salimos, mucho más apaciguados, después de saber que, ahora sí, podemos ir más tranquilos.
Diez kilómetros más adelante y después de tres en ascenso suave, último avituallamiento. Aprovecho para telefonear a mi mujer y avisarla de que antes de las once y media de la noche llegaré a La Seu d’Urgell, donde me espera.
Quedan los últimos diez kilómetros.
Una hora y cuarenta minutos después, a las 23:22 de la noche, cruzo la línea de meta. Muy buena y emotiva la llegada: espectadores aplaudiendo y gritando a lo largo de los 100 metros de alfombra hasta el arco, recibimiento personalizado por parte de los organizadores y los jueces de la FEEC, colgada de medalla al cuello y barra libre de bebidas y comida.
No puedo comer nada, solo beber.

El jefe maneja a la gente; el líder la prepara.
El jefe masifica a las personas, las convierte en número y en fichas, las deshumaniza hasta quedarse con un rebaño sin rostro ni iniciativa.
El líder conoce a cada uno de sus colaboradores, los trata como personas, no los usa como cosas.

Miguel Ángel Cornejo

 
La mente es débil
Después de 21 horas en las que recorrí 92 kilómetros y superé los 10.000 metros de desnivel, falló el músculo más necesario de todos para acabar una prueba tan exigente como la Volta Cerdanya Ultrafons, de 214 km y 20.000 metros de desnivel. Sin excusas: ha fallado la mente.
Aunque todo suma (o en este caso tal vez sería más adecuado decir aunque todo resta), las altas temperaturas del viernes (hasta 32 grados) no pudieron conmigo. Tampoco las largas y silenciosas horas en solitario, ni los kilómetros, ni los desniveles, ni la noche… Pudo conmigo una larga bajada de más de una hora por terreno rocoso, a las cuatro de la madrugada, después de 90 km recorridos, que me hizo pensar más de la cuenta y fue minando mi decisión de llegar a la meta. La mente, mi mente, fue débil y sucumbió a la sugerente tentación de la retirada a mitad de recorrido.
24 horas más tarde, el domingo por la mañana, salí a correr de nuevo por la montaña. Ningún dolor ni sensación de agotamiento físico más allá del normal después del esfuerzo realizado. Sólo rasguños, escoceduras y otros recuerdos estéticos de la batalla librada. Físicamente ningún problema relevante. Estoy bien. Sin embargo… Mi mente no está bien, sigue dolorida.
He empezado la recuperación, la puesta en forma de este músculo escondido capaz de hablarnos para decantar la balanza hacia un lado u otro: he pedido a la organización que me inscriban en la edición 2015 de la Volta Cerdanya Ultrafons 214 km.
Muchas gracias a todas y todos los que me enviasteis muestras de apoyo para superar el reto. Esto sí que suma, y mucho.
Seguimos.
 

Sábado 3 de mayo de 2014. Después de tres años trazando la ruta, Dani Carull propone salir de Barcelona hasta alcanzar el inicio de la Costa Brava, el islote de La Palomera, en Blanes. Según sus cálculos, saldrán unos 90 kilómetros y aproximadamente 7.000 metros de desnivel total acumulado. La ruta es inédita, nunca antes la ha hecho nadie (que tengamos constancia), y transcurre por tres parques naturales antes de bajar de las montañas a la costa: Serra de Marina, Serra del Litoral y el Montnegre-Corredor.
La primera idea de Dani fue realizar su reto en modalidad travesía, pero finalmente decidió reconvertirlo a ultra trail en semi autosuficiencia y sub24 horas. El punto de salida es el Centro Comercial La Maquinista. >>Seguir leyendo y ver vídeo.
Son las 11 de la mañana y nos echamos a correr ilusionados por las calles de Sant Adrià del Besos. Seguiremos la ruta navegando con el track del GPS trazado en casa. Mucha pista, largas pedientes de moderada inclinación y unos senderos bastante limpios nos permiten avanzar a buen ritmo. Laura, su compañera, nos hace la asistencia y avituallamientos ligeros hasta el kilómetro 52. A partir de este punto funcionaremos en autosuficiencia.
Antes de las diez de la noche caen cuatro gotas de lluvia. Es el aviso de la que se nos viene encima. Media hora más tarde el chaparrón es interesante y la temperatura desciende de forma notable. Minutos después de las doce estamos en el punto más elevado de toda la ruta. Estamos calados y muertos de frío. Por delante tenemos entre 20 y 25 kilómetros hasta Blanes. Para no quedarnos pajaritos deberíamos hacerlos corriendo sin parar, algo que se me antoja un poco complicado después de 72 km y 6.000 metros de desnivel acumulados en nuestras piernas.
Hacemos una parada y decidimos abortar la intentona. Tenemos que bajar lo antes posible de la montaña y buscar refugio en algún pueblo… Truenos en el cielo… Frío, mucho frío. Analizando posibilidades en el GPS, nos decidimos por coger una pista en descenso hasta un pueblo que calculamos a dos kilómetros del punto donde nos encontramos. Sigue lloviendo con intensidad. Cuando llevamos algo así como 4 km al trote, no hay rastro del pueblo. Hacia el kilómetro 5 entramos en una urbanización. Lo que en la pantalla del GPS nos pareció un pueblo (grande) resultó ser una macro urbanización «sin vida» aparente.
Cerca de las tres de la mañana logramos refugiarnos de la lluvia en un cobertizo. Ubicamos correctamente nuestra posición y llamamos a Laura para que nos consiga el teléfono de algún taxista de la zona. En cinco minutos estamos pidiendo un servicio… Que tardará en llegar. «¡Cómo se os ocurre salir de excursión de noche!»- nos dice el taxista al ver nuestro lamentable estado. «No, si cuando hemos salido era de día, de hecho eran las once de la mañana en Barcelona…» El hombre nos mira por el retrovisor y hace una mueca de no entender nada… Le explicamos la odisea. «¿Y estas cosas las hacéis amenudo?» A las 4 de la mañana el taxi nos deja en Blanes.

Dos días después
Le envío un Whatsapp a Dani: «¿Qué te parece si el próximo viernes por la tarde acabamos lo que empezamos?». La respuesta no tarda en llegar, y el viernes 9 de mayo, a las cinco de la tarde, retomamos el reto allí donde lo habíamos dejado.
En menos de tres horas bajamos desde el punto más alto de la sierra hasta La Palomera, Blanes. 21 kilómetros de puro placer, de día, a pleno sol, con una temperatuira soportable y por un terreno muy rápido. Además, el agua de la Costa Brava nos esperaba para el primer baño de la temporada.
Reto superado: 93 km, 7.000 metros de desnivel total acumulado y 15h30m. Calculamos que en modalidad non-stop el tiempo total necesario hubiera sido de 16h30m.