Leyendo este título puedes pensar que lo más duro de la maratón de Roma son sus 42,195 km sobre un asfalto lamentable lleno de “trampas” a modo de agujeros, grietas y abultamientos. Pues no. Tal vez pienses que son los 7 km de maltrechos adoquines que tu estructura ósea y muscular tendrán que soportar. Tampoco. Puede que incluso consideres uno de sus peligros las elevadas temperaturas que se alcanzaron este año, que sin duda influyeron en la retirada de más de 3.000 participantes (19%), o los metros de más del recorrido, como unos 700. 

Nada de eso es lo más duro de la Maratona di Roma. Lo son los inevitables quilómetros que te zamparás el día antes visitando los vestigios de su rica y apasionante historia, y que al día siguiente, durante la carrera, tus piernas notarán. Si eres de los que buscan mejorar o hacer una muy buena marca, la de Roma no parece una de las mejores opciones. Como tampoco lo es si esperas disfrutar de una tranquila recuperación post carrera: te aguarda la comercial y larga Via del Corso y la lujosa Via dei Condotti, de donde tienes muchas posibilidades de salir cargado de pesadas bolsas conteniendo tus compras mientras tu maltrecho cuerpo se va quejando.
Y dicho esto, recomendar la prueba por la espectacularidad de la parte monumental de su recorrido, por la muy buena organización pre y post carrera (ejemplar la organización de entrega y recogida de guardarropía) y la longitud y disposición de los avituallamientos. Por poner un pero a estos últimos, eché en falta la posibilidad de geles.
En cuanto a mis sensaciones, me sentí mejor que hace siete semanas en Sevilla. Entre el km23 y el 29 se apoderó de mí el hombre del mazo. Hice una prueba que me pasó factura: desayuné relativamente poco y no tomé más que agua hasta la media maratón. Quería sentir malas sensaciones y mi capacidad de superarlas para conocer un poco ciertos límites de cara al Ironman. Lo cierto es que a lo largo de ese “bajón” corrí con sensación de mareo y desfallecimiento. En el km25 me regalé un avituallamiento con gel y pastilla de sales (propios), vaso de isotónico, plátano, naranja y agua. Hacia el km30 empecé a sentirme recuperado. 
Por otra parte, señalar que no es una maratón plana. Suma casi 500 metros positivos y otros tantos negativos. A menos de dos kilómetros de la meta, justo después del último avituallamiento de refresco de agua, se pasa un túnel de unos 250 metros de longitud cuesta arriba. La verdad es que no recuerdo si el suelo era adoquinado o asfaltado, pero sí recuerdo que estaba completamente mojado, que cada zancada era un patinazo y que el avance se hacía muy complicado. Divertido pero “jodido” cuando estás ya en las últimas…
Acabé contento, con capacidad para esprintar en el último kilómetro, y habiendo mantenido un ritmo medio final de 6 min/km. La próxima maratón será dentro del Ironman, en agosto. Será una experiencia completamente nueva que sin duda nada tendrá que ver con las 12 maratones corridas en estos últimos seis años.

 

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