Los Ultra Trails o carreras de ultrafondo a pie en un entorno natural empiezan a partir de la distancia Trail (42 km). La International Trail Running Association (ITRA) las clasifica en función del kilometraje: Ultra M (entre 42 y 69 km),Ultra L (entre 70 y 99 km) y Ultra XL (100 km o más). Nombres como Ultra Cavalls del Vent, Transvulcania, Gran Trail de Peñalara o Ehunmilak son algunas de las más conocidas del calendario nacional. El Ultra Trail du Mont Blanc (UTMB) es la “ultra” por excelencia, la más famosa de Europa y una de las más exigentes del mundo. Todas ellas proponen rutas de distancia igual o superior a los 100 kilómetros y desniveles que se cuentan por miles de metros. Contrariamente a lo que puede parecer, los Ultra Trails no son carreras exclusivas para superhombres. (pulsa para seguir leyendo)
Prueba de ello es que soy corredor de Ultra Trails y nada tengo que ver con los superhombres. Tampoco son pruebas destinadas a gente “un poco loca”. Nada más lejos de la realidad. Cualquier prueba “ultra” supone asumir la existencia de factores y riesgos de diversa índole que hay que valorar, gestionar y resolver antes, durante y después de la competición. Las “ultras” exigen el máximo al cuerpo y a la mente, poniendo en juego nuestra salud, integridad física y, en casos extremos, incluso la vida del corredor. Eso sí, todos los amantes de esta disciplina coincidimos en afirmar que se trata de una experiencia increíble por todo lo que nos reporta, que es mucho y tal vez motivo de un próximo artículo.
Para ponernos en situación, los corredores de élite –el más renombrado en estas latitudes es Kilian Jornet- invierten alrededor de diez horas en un recorrido para el que los corredores del montón invertimos veinte o más. Por poner un ejemplo, los 100 km y 13.000 metros de desnivel total acumulado de la pasada edición de la Ultra Cavalls del Vent ocuparon a Luis Alberto Hernando, primer clasificado masculino, 10h27m. El último clasificado cruzó la línea de llegada en 27h41m, a tan solo diecinueve minutos del cierre de la carrera. 
En las distancias ultra, el simple hecho de cruzar la meta es todo un éxito: de los 1.050 corredores que tomaron la salida en Ultra Cavalls del Vent 2013, solo 626 completaron el recorrido. Así pues, menos del 60 por ciento de los atletas alcanzó su objetivo de convertirse en “finishers”. ¿Cómo lo consiguieron? Las claves pueden ser muchas, tantas como “finishers”, pero en un intento de compendiar las fundamentales, se me ocurren las siguientes.

1.- Elige bien tu la carrera.Antes de llegar al “mundo ultra” sería lógico haber seguido una cierta progresión. Esta se inicia con carreras de distancia trail. El siguiente paso nos llevaría a las distancias ultra, siguiendo la progresión M, L y, finalmente, XL. Cada atleta encontrará su distancia justa, aquella en la que disfruta, que no necesariamente será la XL. La distancia y los desniveles ponen a cada uno en su sitio y centran los objetivos a través de la experiencia y las sensaciones percibidas. Por si sirve de inspiración, una de las condiciones que debe cumplir una carrera para despertar mi interés es que debo considerarla un reto improbable pero no imposible. Dicho de otro modo, que mis posibilidades de acabar todo el recorrido dentro del tiempo máximo otorgado por la organización sean del 51%. En el otro extremo, si las probabilidades son del 100%, la cosa ya no me motiva tanto.

2.- Entrena el cuerpo y sobre todo la mente.Acabar una “ultra” es más cuestión de mente que de cuerpo. El entrenamiento mental es tan necesario como el físico. Si no se producen lesiones o caídas durante la carrera y la preparación física ha sido adecuada al reto, lo que definitivamente nos convertirá en finishers será nuestra capacidad de superar los bajones mentales que se producirán, ineludiblemente, a lo largo de las horas. En esos momentos, cuando lo fácil es tirar la toalla y abandonar, seguir adelante dependerá de nuestra capacidad de automotivarnos, de perseverar en el objetivo, del positivismo con que enfoquemos el momento presente y el futuro inmediato, y de mil y un recursos más, como escuchar una determinada música o elegir la compañía de otro corredor. Tanto es así, que algunos de los mejores entrenamientos que hacemos los “ultras” son aquellos que se encargan de doblegar la mente, como por ejemplo salir a correr cuando no apetece o no estamos motivados para hacerlo porque hace frío, llueve, es de noche o no tenemos compañero con quien compartir entrenamiento. Acostumbrarnos a desoír esa voz interior que nos susurra seguir en el sofá es lo que más tarde, durante la carrera, nos ayudará a seguir adelante. Porque durante la carrera tendremos momentos críticos en los que aparecerá la vocecita. Haber aprendido a desobedecerla marcará la diferencia entre dar un paso más o abandonar.

3.- Establece una estrategia.En mi caso, la carrera se divide en pequeños objetivos. Cada control de paso, punto de vida o avituallamiento es uno de ellos. Mi única preocupación es llegar al siguiente lo antes posible con el mínimo desgaste. La meta es el gran objetivo, pero no se alcanza sin antes superar los subobjetivos. En el caso de carreras muy largas, de más de 100 km, divido la carrera en tramos de menor kilometraje a modo de submetas, transformando lo aparentemente inasequible en asequible. Una vez alcanzada cada submeta valoro mi estado y lo que necesito para seguir hasta la siguiente submeta (líquidos, sólidos, curas…).


4.- Estudia la carrera.La ventaja de saber a lo que te enfrentas permite prever y planificar acciones y tomar decisiones en función de lo que tienes delante. En este sentido, es importante atender a la información técnica que ofrecen los organizadores: altimetría, topografía, puntos de control, puntos de descanso… Un “viaje” por la ruta a vista de pájaro con Google Earth ayuda mucho, aunque nada mejor que pisar el terreno durante los días previos a la competición. Todo esto nos ayudará a gestionar nuestras fuerzas, administrar la ingesta de alimentos, líquidos y suplementos (geles, barritas energéticas…) o decidir qué equipamiento necesitaremos llevar encima en todo momento.

5.- Elige bien la compañía.Muchas veces participamos en equipo. Otras veces solos, aunque acabaremos compartiendo kilómetros y horas con este o aquel corredor, que alcanzamos o nos alcanza. En cualquiera de los dos casos, elegir bien al compañero o compañeros de viaje es fundamental para lograr el objetivo de cruzar la meta. Hay personas que suman y otras que restan capacidades al equipo. Las primeras apuntan hacia adelante con optimismo y cuesta que se rindan; las segundas lo hacen con pesimismo y suelen rendirse a la primera de cambio. Acabar depende sólo de uno mismo y sus circunstancias… Entre esas circunstancias está el carácter de tu compañero.

6.- No viene de cinco minutos. Si no eres de los que aspiran a pódium ni eres un tipo súper competitivo, entenderás que, en general, en el mundo “ultra” no existan los segundos ni los minutos. Hablamos de horas y cuartos de hora. A lo sumo redondeamos de cinco en cinco los minutos. El reto no es otro que aguantar y llegar dentro del tiempo máximo que indica la organización. Si se hace con un crono u otro es secundario para la mayoría de participantes, porque esa inmensa mayoría tiene como ambicioso objetivo el simple hecho de cruzar la meta. Eso no quita que lo intentemos en el menor tiempo posible, pero anteponiendo el “objetivo supremo” de acabar. Son muchos los que anteponen el crono, algo muy respetable pero tal vez poco práctico en vista del volumen de lesiones por roturas musculares o caídas accidentales que provoca este planteamiento . Pero para gustos no hay nada escrito.


7.- Escucha a tu cuerpo.Antes decíamos que hay que desoír los susurros de la mente. Con el cuerpo es muy sano hacer todo lo contrario: escucharlo atentamente y hacerle caso. Cualquier pequeña molestia acaba convirtiéndose en motivo de un potencial de abandono. Desde una simple piedrecita en el interior de la zapatilla hasta un ligero dolor muscular, desde el roce de la camiseta en los pezones hasta una mala protección solar sobre la piel, desde la sensación de sed hasta la sensación de frío… El cuerpo siempre avisa antes de “romperse”. Si atendemos al aviso, casi siempre podremos poner remedio y retomar la marcha. Hipotermias, golpes de calor, lesiones musculares o “pájaras” son algunos ejemplos resultantes de desoír lo que nos dice el cuerpo. En todos estos casos, como en otros, las consecuencias pueden ser nefastas e incluso funestas.

8.- Come, bebe, descansa, duerme.Cada uno sabe qué, cuándo, cuánto y cómo debe nutrirse, hidratarse y recuperarse. O al menos debería saberlo quien se enfrenta a una “ultra”. Entre otras cosas, porque es imprescindible para que el cuerpo y la mente resistan. Comer, beber y descansar, incluso dormir, forman parte de la estrategia de carrera, por eso hay que planificarlo antes del inicio y cumplir el plan a rajatabla. Hay muchas teorías de cómo hacerlo, pero cada maestrillo tiene su librillo: comer cada hora u hora y media, hidratarse cada veinte minutos, dormir unas horas o unos minutos (en distancias superiores a 150 km es normal e incluso necesario hacerlo para los “ultras” normales), etc. El qué cada cual debe experimentarlo previamente. Hay quien tira de pequeños bocadillos de crema de cacao, o de fruta, o de geles y barritas energéticas, de bebidas isotónicas, de bebidas de alto contenido en azúcares… Generalmente utilizamos una mezcla de todo lo anterior y más que nos reponga todos los nutrientes, sales, azúcares y minerales que vamos perdiendo. Importante no experimentar con ningún producto (sólido o líquido) el mismo día de la competición. Hay que haberlo probado antes en condiciones similares de uso para saber si nos sienta bien o no. Las pruebas el mismo día de la carrera suelen pagarse con mareos, vómitos, descomposición y retirada. Punto y aparte son los premios. Sí, pequeños caprichos en forma de caramelos, chocolatinas o cualquier otro producto alimenticio cuya función no es tanto alimentar el cuerpo como el de alimentar la mente. Saber que en el siguiente control o avituallamiento te vas a “premiar” con aquello que tanto te gusta es un aliciente para llegar al punto y un revitalizador para salir contento hacia el siguiente.

9.- Diviértete mientras sufres.Parece mentira que alguien pueda disfrutar subiendo y bajando montañas a ritmo durante 10, 15, 20 o 56 horas. Pero es así, si no, no lo haríamos. ¿Sufrimos? Por supuesto. Un famoso corredor americano afirma que a lo largo de las horas, en este tipo de pruebas se muere varias veces y se resucita otras tantas. De hecho, se resucita siempre una más que se muere… Forma parte del juego saber que vas “a morir” una y otra vez, pero al mismo tiempo tener la certeza de que es una muerte pasajera y que “resucitarás” si aguantas. A lo largo de las horas te preguntas una y otra vez qué estás haciendo, porqué lo estás haciendo, quién te manda a ti meterte en esto… Te duele esto y aquello… Estás muerto de frío cuando hace unas horas andabas agobiado de calor… En fin, que vives en una agonía permanente, pero has aprendido a resistirla y a superarla.

10.- No pienses mucho: siente y emociónate.Las “ultras” son una de esas actividades que aparentemente ni tienen explicación lógica practicarlas, ni tampoco son fáciles de explicar. De hecho, personalmente he desistido de explicar el porqué a según quien. Forman parte de esas experiencias que hay que vivirlas para entenderlas… Y sin pensarlas demasiado… O no las haríamos. Simplemente hay que prepararse. ¡Ah, y dar el primer paso! Esto último es lo único verdaderamente imprescindible para cruzar la línea de meta.

Gracias por leerme.
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8 comentarios
  1. Lluís Lleida
    Lluís Lleida Dice:

    Xavier Bassas, (Dtor. Gral. ICT Filtración) diu:
    Hola company !!!

    Evidentment que hi ha paral•lelismes però per sobre d’aquest hi ha “el” concepte-paraigua pels 2: COHERÈNCIA !!!

    Felicitats !!!

    Responder

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