Xavi, ¿me ayudarás a aprender a nadar?
En septiembre de 2014 me puse en manos de Xavi, el entrenador de la piscina a la que acude mi mujer y mi hijo. Xavi aceptó el reto de enseñarme a nadar a los 49 años. ¿Qué hacía que quisiera aprender a nadar a estas alturas de la vida? Lo único que tiene la capacidad de «movernos»: una ilusión.
Hace nueve meses me ilusioné por  practicar un nuevo y desconocido deporte para mí, el triatlón. Siempre me ha ilusionado el descubrimiento, atraído lo desconocido y retado la incertidumbre. Fiel a mi principio de «improbable pero no imposible», finalicé la temporada de carreras de ultradistancia por montaña pensando que el triatlón de larga distancia podría ser un emocionante escenario para próximas experiencias. ¿Sería posible? ¿Podría con ello? Decidí averiguarlo.
Pero había cuatro detalles resolver para transformar la ilusión en la experiencia satisfactoria que perseguía. El triatlón es un deporte que combina natación, ciclismo y carrera a pie en una sola competición, sin descansos intermedios entre una y otra disciplina. De estas tres disciplinas, sólo «dominaba» la carrera a pie, así que dos de estos detalles a resolver eran aprender a nadar y mantenerme sobre una bicicleta.
El tercer detalle era que nunca antes había participado en un triatlón, mi experiencia era cero, por tanto desconocía su reglamento, técnicas, tácticas y estrategias de competición.
El cuarto detalle estaba vinculado al tipo de triatlón que había elegido para mi estreno: uno de Media Distancia o Half Ironman, es decir, con distancias de 1,9 km de natación en mar abierto, 90 km de bicicleta en ruta y 21,1 km de carrera a pie. Podía haber elegido una cualquiera de las distancias menores, pero si quería ser coherente conmigo mismo, la modalidad elegida debía cumplir mi principio «improbable pero no imposible». Por exigencia de las distancias a completar, estaba seguro de que un triatlón de media distancia cumpliría este requisito, que en el fondo implica asumir un alto riesgo de no terminarlo. Sin embargo, distancias inferiores no cumplían el requisito, al igual que no lo hacía la distancia superior, la Ironman. Las primeras por excesivamente probables y la segunda por excesivamente imposible.

Así pues, la cosa estaba clara… Descubrí el mundo del triatlón exigiéndome aprender nuevas disciplinas deportivas y preparándome para enfrentarme a unas distancias bastante respetables. Todo ello hacía que en ese momento la balanza se decantara del lado de lo imposible.
Convencido de intentarlo, ahora sólo había que decidir dónde y cuándo.

Un verdadero embarazo
Nueve meses de aprendizajes, de dudas, de miedos, de descubrimientos, de lecturas, de escuchas atentas, de preguntas en busca de respuestas a veces imposibles, de practicar y practicar, de equivocarme y equivocarme, de intentarlo y volver a intentarlo… Nueve meses de incertidumbre trabajando fuera de «mi medio natural y zona de confort», las montañas y los Ultratrails… Nueve meses esperando y al mismo tiempo temiendo que llegara el día…
A lo largo de este aprendizaje, porque llamarlo entrenamiento sería dejar de lado lo más importante, he compartido muchas horas con Ángels, compañera de viaje en la vida y triatleta, y otras tantas con Miguel Ángel, amigo y también triatleta. Dos «ángeles de la guarda» (que coincidencia de nombres…) que también decidieron enfrentarse a su primer triatlón de media distancia. A pesar de su experiencia en distancias Sprint (750 m, 20 km y 5 km) y Olímpico (1,5 km, 40 km, 10 km), las de la Half significaban para ambos un reto mayúsculo, un nuevo límite a superar. Así pues, aunque fuera desde puntos de partida diferentes, los tres compartíamos una misma ilusión a la que en su día pusimos nombre y fecha: CHALLENGE SALOU HALF TRIATLÓN, 31 de mayo 2015.

Aprendiz de triatleta
Van pasando las semanas. Cada día aprendo algo nuevo. Cada día me doy más cuenta de cuánto me queda por aprender. Atiendo los consejos de Xavi en la piscina. Soy lento, muy lento. No avanzo, me pesan las piernas, no sé respirar, me agoto, no puedo seguir ni los ritmos ni el volumen de trabajo de mis compañeros de entrenamiento. Muchas dudas. Pero no hay marcha atrás.
Con la excusa de los Reyes Magos, en enero de 2015 me regalo una bicicleta. Es la primera bicicleta de carretera que tengo en mi vida y también la primera vez que montaré en una. Me calzo las zapatillas con calas y los pedales automáticos. Voy tres veces al suelo sin ni siquiera salir del parking. Esa noche soñé que caía de la bici en la primera rotonda que hay al final de la calle donde vivo y que el coche que circulaba por detrás me atropellaba…
¿Algún tendrás que salir a nadar al mar, no? Pues hala, vamos. Me visto por primera vez con un traje de neopreno. Me adentro en el mar sabiendo que a los pocos metros no tocaré pie en el suelo y que mis ángeles de la guarda me llevarán mar adentro hasta un punto indefinido en el horizonte en el que decidirán virar y nadar paralelos a la costa. Antes de la celebración del triatlón habré hecho un total de tres salidas a mar abierto. Por suerte y aunque cuando pasó no lo sabía, cada una de estas salidas fue con peor estado de la mar que la anterior, lo que hizo más fácil el día de la competición, con una mar muy calmada. Pude comprobar que no me mareaba, no entraba en pánico, no me preocupaba excesivamente con qué podía encontrarme en el agua… Aquellas tres salidas me dieron el mínimo de seguridad que necesitaba para enfrentarse a este medio tan antinatural para mí.Primeras salidas en bicicleta. Miedo espantoso a los coches. Miedo espantoso a las subidas. Miedo espantoso a las curvas. Miedo espantoso a las bajadas. Diferentes salidas con diferentes personas me dotaron del mínimo de confianza. Poco a poco… Un mes y medio antes de la competición decido finamente utilizar los pedales automáticos. En ningún caso he pedaleado rodeado de un gran grupo, siempre en pequeño comité, con únicamente uno o dos ciclistas al mi alrededor. Me planto en la línea de salida de la Half con unos 500 kilómetros de experiencia sobre la bici. Cuando termine, si termino, sumaré 590. ¡Miseria!

A todo esto, el entrenamiento de la carrera a pie queda un poco olvidado. No tengo mucho tiempo para dedicarme. Confío que algo quedará del entrenamiento realizado para la maratón de Barcelona, del mes de marzo.
Las últimas semanas, con Ángels, intensificamos el entrenamiento mezclando disciplinas. Nadar y correr. Correr y pedalear. Pedalear y nadar. Un domingo, con Àngels, incluso llegamos a montar un triatlón de distancia olímpica privado, a nuestro aire, para experimentar las sensaciones que tendríamos en competición en el inicio de las transiciones de una disciplina a otra. Esta experiencia de la transición no me pareció tan dramática como muchas veces la pintan. Es cuestión de conocer la reacción de tendrá en la mecánica de funcionamiento de tu cuerpo, y gestionarla en el tiempo y en el esfuerzo.
A una semana vista, reducimos al mínimo la carga de trabajo. Lo que teníamos que hacer y hasta dónde podíamos hacer, está hecho. Ahora sí que lo que sea será.

El momento del parto
31 de mayo. Desayuno potente. Ando dirección a la playa junto a Ángels y Marta, amiga de Berga que también participa. Veo por primera vez las boyas que marcan el circuito de natación. La primera boya, la que nos dirige hacia dentro, no me parece lejana. Recorro con la mirada la línea paralela a la costa que dibujan las otras boyas y tampoco me parecen una distancia que me acongoje. Nunca he nadado 1.900 metros seguidos, ni en la piscina ni en mar abierto. Hoy será el día. El mar está en calma, presenta las mejores condiciones que cualquiera de las tres veces anteriores en que me he metido en él durante estos meses. Igual incluso me gustará, pienso.

A las 07:00 dan la salida a los profesionales. A las 07:10 salen las féminas. Allí están el Ángels y Marta, junto a otras 80 valientes triatletas. Paseo por la playa y me pregunto dónde estarán ya los PRO. Miro al mar y, sorpresa, alguno de ellos aún no ha llegado a la primera boya. Esto me hace ver la realidad: la primera boya no está tan cerca como me ha parecido! Tranquilo. Me pongo en modo «estoy viendo un documental y eso no va conmigo».
A las 07:35 toma la salida Miguel Ángel. A las 7:50 me toca el turno. Me coloco detrás, entre los últimos. Quiero evitar empujones, golpes, arañazos y otras incidencias que acontecen durante la natación en grupo (que por cierto, ¡tampoco nunca he experimentado!). Con todo, no puedo evitar dar y recibir unos cuantos manotazos, chocar de cuerpos e incluso una mano que agarra mi pie izquierdo. ¡Que no cunda el pánico! ¡Concentración!
Cuando estoy llegando a la última boya del horizonte, antes del segundo giro, veo una piragua que se acerca y me grita «Esta no es la boya, es aquella». Acabo de regalarme unos metros extras nadando dirección Mallorca. ¡Pero no soy yo solo! Supongo que estoy en el grupo de los torpes.
Una brazada, otra brazada, otra, otra … ¡Veo el fondo del mar! ¡Cada vez más cerca de mis manos! Cuando mis dedos tocan la arena dejo de nadar y me incorporo. ¡Primer segmento superado! Salgo del agua al trote, pero sin prisa. No voy a ganar nada ni a nadie. Llego a la zona de transición y me lo tomo con mucha parsimonia. Consumo siete minutos en disfrutar lo que he hecho, sacarme el neopreno, secarme los pies, calzar calcetines y zapatillas, colocarme el casco y las gafas de sol, colgarme el dorsal, beber agua, tragarme un gel y… Camino de recoger la bici… ¡un WC! Me desvisto casi por completo (es lo que tiene utilizar según qué modelos de tritraje) y libero la vejiga.
Ahora, a concentrarse en no caer de la bici. Tengo 90 km por delante. Será mi récord. Un día hice 80 km… Voy haciendo, a mi ritmo, en solitario. Las salidas escalonadas tienen de bueno que no forman aglomeraciones, pero si sales en las últimas tandas como me ha tocado a mí, te encuentras que tienes a todo el mundo por delante y a muy pocos o nadie a tu alrededor. No me importa, ¡menos peligro para mí y para el demás!

Un día, en un rodaje de entrenamiento, me entretuve simulando recoger un bidón de agua a mi llegada a un avituallamiento, para evitar así tener que frenar y parar la bicicleta cuando fuera el momento real. Separaba mi mano derecha del manillar y la extendía. Así, varias veces. De hecho, beber en marcha tampoco lo había hecho muchas veces anteriormente, tal vez cinco o seis, también practicando. Al acercarme al punto km 22, donde estaba situado el primer avituallamiento, visualicé una y otra vez los movimientos que había entrenado con mi mano derecha para recoger el bidón. ¡Sorpresa! El avituallamiento estaba situado en el lado izquierdo. Reí al tiempo que por primera vez en la vida soltaba la mano izquierda del manillar. Ni caí yo, ni me cayó el bidón, ni ninguno de los voluntarios del avituallamiento temió por su integridad física a mi paso.
En el km 55 aproximadamente me encontré a Ángels parada en el arcén, junto a un policía y su motocicleta. Hacía unos 25 o 30 minutos que nos habíamos cruzado en la autovía de doble sentido por la que circulábamos. Al llegar a su altura me paro y pregunto. Ha pinchado la rueda trasera y el policía se ha brindado a ayudarla. Veo que llevan la cosa avanzada y planteo la posibilidad de seguir adelante, pero una simple mirada me hace entender que no es la mejor opción. Me pongo manos a la obra. El policía no es muy hábil en eso de cambiar ruedas. Nosotros aún menos. Siete días antes, nuestro amigo Moi nos había enseñado cómo hacerlo.

Cuando tenemos la rueda montada, procedemos a hinchar. Llevamos unas pequeñas bombonas de aire comprimido. El policía mira el dispositivo. Mira la válvula del neumático y sentencia «aquí falta algo». Efectivamente, el adaptador, una pieza que no llevamos y sin la cual es imposible inyectar el aire (¡novatos!).
Esperamos que pase otro participante. Le hago señales para que se detenga. Lo hace y le pido si nos puede dejar la mancha que lleva acoplada al cuadro de la bici. Amablemente nos la cede. Pero no funciona. Paro a otro participante, Giovanni, que nos deja la suya y sigue la carrera. Esta sí que funciona. Hinchamos y nos ponemos en marcha. Prácticamente, cerramos el segmento bici. No somos los últimos pero casi.
Acompaño a Àngels durante los 35 km que restan hasta Salou. Solos en la autovía. Parece una peli de miedo. La humanidad ha sido erradicada por los extraterrestres, que nos han invadido. Somos supervivientes. Solos en el planeta, no dudamos a parar, desnudarnos (no por gusto, es que la ropa obliga) y tomarnos nuestro tiempo para un placentero y solitario pis.
Llegamos a Salou, recorremos algunas de sus calles y encaramos la recta final de bici. Allí está el buen amigo y compañero Carlos, animando con palmas y gritos.
Descalzamos las zapatillas de bici y calzamos las de correr. Fuera casco y bienvenida gorra. Crema solar. El sol pega fuerte y el calor nos hará cuesta arriba los llanos 21,1 km que ahora tenemos por delante. Salgo con Àngels y hacemos los primeros tres kilómetros juntos. Poco a poco nos vamos distanciando el uno del otro. Ella va cogiendo su ritmo y yo el mío. Nos separamos. Me siento pletórico. Los últimos cinco kilómetros me cuestan. Hay una recta que se hace eterna, sin sombra, sin público, sin más vida que los pensamientos propios y la voluntad de llegar a meta.

Finalmente cruzo la línea de llegada. Respiro profundamente. Descanso unos minutos. Busco a Miguel Ángel. No lo veo por allí. Sé que ha terminado porque nos hemos cruzado dos o tres veces en el circuito de carrera atlética, y la última vez encaraba ya la meta.
Me siento muy bien. He disfrutado mucho. La experiencia me ha gustado… Pero para que sea completa falta algo. Falta que Àngels también cruce la línea de meta. Hago el recorrido de la carrera al revés. No debe andar muy lejos. Voy haciendo a un trote lento. A un kilómetro de la meta la veo, acompañada de Carlos. Me sumo a ellos y hacemos juntos estos últimos cientos de metros. Sé cuánto le ha costado y cuánto ha tenido que sufrir para alcanzar esta meta, sin duda una de las más exigentes de su carrera deportiva, por no decir la que más. ¡Impresionante!

¿Un nuevo embarazo?
Superé el segmento natación, lo que más temía, sin más problemas que el cansancio. Superé los 90 kilómetros en bici, el avituallamiento en marcha, el cambio de cámara tras el pinchazo y el adormecimiento de los dedos del pie izquierdo. Superé el calor del sol, las irritaciones provocadas por el roce durante la carrera y el hecho desmoralizador de saber que iba de los últimos cuando en otras circunstancias no hubiera sido necesariamente así (de hecho fui el último de los 31 participantes de mi categoría V2, los mayores, que lograron cruzar la línea de meta).
Total, que sí, que antes de finalizar la carrera a pie ya sabía que estaba nuevamente embarazado. Me ilusioné de nuevo. La criatura tiene nombre, fecha y lugar de nacimiento. Consumado mi estreno en triatlón y después de haberlo hecho directamente en Media Distancia, decidí que IRONMAN BARCELONA 2016 es «improbable pero no imposible». Así que en septiembre empezaré a aprender todo lo que necesito para jugar en esta liga superior del triatlón (3,9 km, 180 km, 42,2 km).

Agradecimientos
Desde septiembre pasado hasta el mismo día de la prueba, han sido muchas las personas que de una manera u otra han tenido que ver en convertir la la ilusión en una experiencia gratificante que me llevará a otras. Personas que durante este tiempo nos han regalado desde inspiración hasta consejos técnicos, desde motivación hasta experiencias personales, desde admiración hasta acompañamiento. A todas ellas, gracias: grupo «soparet», con Montse, Marta, Berta, Iris, Betlem, Jordi, Marc y especialmente Xavi y Moi… Grupo «trieliteultracraks», con Lluís, Xavi y Pep. Grupo del CAM, muy especialmente a Carlos.
Por último, no puedo cerrar esta crónica sin agradecer a Àngels y Miguel Ángel su infinita paciencia conmigo.
Aquí puedes leer la crónica que nos regaló Miguel Ángel días después de finalizar la Challenge Salou Half Triatlón 

Aquí versión REVISTA CASTELLANO
Aquí versió REVISTA CATALÀ

 

Primero la maratón y tres semanas después Cap de Creus Ultra (87 km, DA7000m). Mejor marca personal en la primera (03:53:07) y bonita experiencia con Jordi Edo en la segunda (16:30:00). Por medio nos inventamos un triatlón de distancia olímpica con Àngels, como primer contacto personal con el mundo del triatlón. Satisfactorio.

 

Este 2015 no habrá Ultra Trail del Montblanc para mi. Presentadas las credenciales a la pre-inscripción (es necesario acreditar una serie de puntos obtenidos en carreras clasificatorias), esperé a la suerte. Más de 14.000 preinscritos de todo el mundo para poco más de 2.000 plazas. El sorteo decidió que este agosto no estaré en la salida del emblemático UTMB y sus 166 kilómetros por los Alpes. Esperaré mejor suerte para la edición 2016.
Para celebrar mi 50 aniversario (1965), el segundo objetivo deportivo que me marqué fue mi entrada en el mundo del triatlón. Lo haré compitiendo directamente en la categoría Half (1.9 km natación en mar abierto; 90 km bicicleta en carretera; 21 km corriendo).
El reto es interesante, puesto que me exige aprender nuevas disciplinas (natación y ciclismo), experimentar nuevas sensaciones (salgo de mi zona de confort de la ultradistancia por montaña), y superar ciertos miedos (soy de los que se ahogan nadando y ven la bicicleta como un terrible ingenio rodante capaz de descabalgarte al mínimo descuido). Finalmente, también supone enfrentarme, una vez más, a mi claim motivacional favorito: «un reto improbable pero no imposible», pues sin experiencias previas en triatlón salto directamente a la categoría Half, con distancias que cumplen este requisito motivacional. Cualquier categoría inferior, con distancias inferiores, no me despierta la misma motivación. ¿Podré?

Calendario deportivo 2015
El UTMB determinaba todo el calendario. Desde enero hasta finales de agosto, fecha de su celebración, todo tenía que planificarse en función de ese objetivo. Prácticamente todas las actividades deportivas debían enfocarse como un entrenamiento para el UTMB. También determinaba mi participación o no en otras competiciones, entre ellas mi primer triatlón. Conocido el resultado del sorteo y que no estaré en la línea de salida de Chamonix (¡este año!), estos serán los principales itos de mi temporada deportiva (lesiones mediante):
Dicho está, como debe ser, por escrito. Compromiso con uno mismo, Motivación máxima. Voluntad, aprendizaje, esfuerzo. Ganas, sueños, retos. ¡Gas!

Ayer fui al cine, algo poco habitual en mi. Acudí a ver “La sal de la tierra” después de leer los comentarios de un amigo en Facebook con el que descubro que comparto mucho más que la simple afición a los retos y las distancias (gracias, Jaume Terés ).
“La sal de la tierra” es un repaso a la trayectoria artística de la obra del fotógrafo brasileño Sebastiao Salgado. De hecho, es un repaso en toda regla a la “obra” de la Humanidad. Casi dos horas de una fotografía estática y cinematográfica sublime dirigida por Wim Wenders y Julian Ribeiro Salgado, hijo del propio Sebastiao. La música de Laurent Petitgand pone la guinda a esta cinta de corte documental.
En esta cinta intimista, Salgado narra sus experiencias vitales detrás de la cámara, sus reflexiones, decepciones y ruptura con la Humanidad. Es la historia de un camino, el que recorre el Hombre durante la vida, desde el nacimiento hasta la muerte.
Pero también es un canto a la esperanza, un ejemplo de acción para el cambio, una ventana abierta hacia un horizonte natural armónico.
Poesía visual sobre la Humanidad, su pasado, presente y posible futuro.
No desvelaré nada más.
Después de esta experiencia, espero la llegada a las pantallas de “Vivir sin parar”, otra historia inspiradora y motivadora sobre el mismo camino de la vida hacia la muerte. En esta ocasión el protagonista llena de sentido (¡vida!) las últimas etapas del camino.
Dejó aquí los dos trailers y animo a verlas.
“Torrente 5” puede esperar… Estas dos no, porque no estarán mucho tiempo en el circuito comercial.

Galardones de «La sal de la tierra»:
2014: Festival de Cannes: Premio Especial del Jurado («Un Certain Regard»)
2014: Festival de San Sebastián: Premio del Público

LA SAL DE LA TIERRA
La mayoría de cines la proyectan en VOSE, pero en Barcelona tambén se encuentra doblada al castellano (cine Aribau Club)

VIVIR SIN PARAR

Los últimos fines de semana (20 de septiembre – 20 de octubre) han sido intensos. Primer fin de semana, participé en una de mis ultratrails favoritas, la UltraPirineu, con 103 km y más de 13.000 metros de desnivel acumulado. Poco más de 26 horas de enorme disfrute en compañía de Francesc Batlle.
Segundo fin de semana, descanso.
Durante el tercer fin de semana tomé la salida en la Rasos de Peguera – Manresa, de 82 km y 4.000 metros de desnivel acumulado. Muy «de bajada», hasta el punto que lunes y martes siguientes tenía los cuádriceps que me hacían «xup-xup». En compañía de Jordi Edo, empleamos 14h10m. (Seguir leyendo>>)
Sólo una semana después, también en compañía de Jordi, finalizamos La Marxassa, del Montseny a Mataró, con 67 km y un desnivel acumulado de poco más de 4.000 metros en 10h39m. En esta marcha tiró de mi Jordi. Noté la acumulación de kilómetros de la temporada.
En total, en esos cuatro fines de semana sumé 252 km, 21.000 metros de desnivel total acumulado y 51 horas de competición. Entiendo que el cuerpo empiece a decir basta…

Espectáculo del CAM a la llegada de la Marxa del Garraf.

Para relajarlo, durante el sexto fin de semana (ayer, 2 de noviembre) participé en la Marxa del Garraf, última prueba de la Copa Catalana de Caminades de Resistència 2014, donde el CAM (mi club) aspiraba a lograr la tercera plaza de la clasificación. Allí estuve, haciendo club a lo largo de 48 km y 3.500 metros de desnivel total acumulado, siguiendo el ritmo que marcaba Àngels (mi esposa triatleta). En teoría invertimos 10 horas y media en completar el circuito. Y digo en teoría porque a 3 km de la meta, en el último control, a menos de treinta minutos de la llegada, el grupo del CAM que íbamos de avanzadilla nos detuvimos para reagruparnos con el resto de compañeros y compañeras que venían por detrás y, de este modo, recorrer los últimos kilómetros y cruzar la meta todos juntos. Estuvimos parados casi dos horas, pero valió la pena: entramos dando espectáculo.

Zona de confort, incertidumbre, experimentación, reinvención

Los sueños, retos y proyectos, mejor por escrito.

Hoy lunes empiezo la recuperación y el descanso. La próxima temporada empezará pronto. La lista de sueños-retos 2015 va tomando forma. Tengo que aprender a nadar sin ahogarme en el intento… Tengo que quitarme el miedo a circular en bicicleta por carretera… Será interesante experimentar nuevas disciplinas, siempre enfocadas a la larga distancia. Me mantengo en mi filosofía de intentar lo improbable pero no imposible en pruebas de elevada incertidumbre, donde el simple hecho de cruzar la meta constituye en si mismo un éxito. Así, para 2015 me obligo a reinventarme de forma voluntaria. Sin abandonar los ultratrails, haré un primer intento en el triatlón de media distancia (Half: 1.900 swin; 90 km bike; 21 km run). Divertido o no, seguro que será enriquecedor, como siempre ocurre cuando somos capaces de abandonar nuestra zona de confort. ¿Lo has probado? Digo lo de abandonar tu zona de confort…

Vídeos
Acabo este post con dos vídeos, ambos de la Ultra Trail Ultra Pirineu 2014. El primero (13 minutos) es un resumen «mi» carrera de 26 horas junto a Francesc Batlle. El segundo, el de los cracks, el oficial de la organización de la Ultra Pirineu. Espero que os gusten, animen y motiven.

UT CADÍ / Copa Catalana de Carreras de Ultraresistencia por Montaña
2014.07.27
80 km / D+5400 m / D-5400m
Finisher 17:22:17

Ultratrail especialmente duro por los errores de cálculo de la organización en los tiempos de corte y por el ardiente sol que nos acompañó durante todo el recorrido en la parte alta del la Sierra del Cadí. Según el reglamento, teníamos 20 horas para completar el recorrido, pero los cortes horarios estaban calculados para un máximo de 18 horas. Incluso la meta cerraba a las doce de la noche (¡saliendo a las seis de la mañana eso son 18 horas y no 20!).
Por experiencias anteriores y salvo imprevisto, 20 horas eran suficientes para mí, aunque el hecho de que tuvieran que ser 18 me preocupaba. Iría justito. >Seguir leyendo
. Sin embargo, cuando analizabas los tiempos de corte de los controles de paso, te dabas cuenta que la cosa no tenía demasiada lógica y que estaban calculados para llegar a meta en un máximo de 18 horas, no de 20. Así que, para mí, el reto de la UT Cadí no era tanto alcanzar la meta en 18 horas sino entrar en los controles de paso sin superar el tiempo de corte establecido por la organización. Una agonía de 60 km hasta superar el último corte horario.

Supero el primer corte
Salimos de La Seu d’Urgell para rápidamente subir a la Sierra del Cadí y recorrer su cresta hasta el Pas del Gosolans. Duros kilómetros de ascenso hasta el Cap de la Fesa (km 21, donde supero el primer corte horario), seguidos otros más de pedregal en la cresta. Eso sí, estoy en un escenario espectacular. Paraje precioso el del Cortal dels Cortils, aunque para llegar había que superar el descenso técnico del Costa Cabirolera. Desde Cortils, remonte y dirección al Pas dels Gosolans. Tenía muchas ganas de llegar al Pas porque significaba encarar el primer descenso prolongado de la ruta después de muchos kilómetros sumando desnivel positivo. También porque suponía alcanzar el ecuador de la prueba (km 40) y hacer el primer avituallamiento serio. Empezaba a notarme vacío. Nunca había descendido el Pas hacia Prat d’Aguiló, siempre lo había subido.

Fotografia cortesia de Núria Tomás.

Supero el segundo corte
Llego al control de Prat d’Aguiló sólo cinco minutos antes del corte horario. Allí esperaba poder comer (llevo casi ocho horas y media de tute, 40 km y más de 3.000 metros positivos), pero no tengo tiempo y salgo pitando al escuchar que el siguiente tramo de 10 km hasta Estana es muy rápido y cuesta abajo. Tengo 1h30 minutos para llegar o quedo fuera de competición. Me encuentro que el terreno no es como me han dicho: ni todo es cuesta abajo, ni tampoco rápido de correr. A los 4 km me adelantan tres corredores que son más ágiles y rápidos bajando por senderos técnicos. Van tan cabreados como yo maldiciendo lo absurdo de los tiempos de corte.
Aproximadamente a un kilómetro de llegar a Estana los pillo. Dos de ellos han tirado la toalla y van a ritmo de paseo. Me relajo y me uno a ellos. Se ha cumplido el corte horario, así que es absurdo seguir con el acelerador a fondo. Estamos fuera de carrera…
Antes de llegar a Estana llega por detrás otro corredor, con el turbo puesto. Se une al grupo y deja de correr. ¡Es del club organizador! Su cabreo es monumental y despotrica sin cortarse un pelo.

Hay que entender lo que está ocurriendo
Según los horarios de corte de la organización, tenías que llegar a Estana en menos de 10 horas (km 50 de carrera, D+3.300m y D-1.500m), mientras que para recorrer los siguientes 30 km de carrera, mucho más suaves en cuanto a desniveles y un terreno mucho más corredor, tenías otras 10 h. Así pues, te exigían un ritmo de 5km/h durante los primeros 50 km, con fuertes y prolongados desniveles positivos, y un ritmo de 3 km/h, con mucho menos desnivel para los siguientes y últimos 30 km.

Permiso para seguir 
La cuestión es que recorro los 10 km que separan Prat d’Aguiló de Estana en 1h45m, quince minutos por encima del corte horario (teniendo en cuenta que 1 km antes de llegar bajamos el ritmo al sentirnos fuera de competición). En Estana como algún sándwich de crema de cacao, fruta, gominolas… Mientras esperamos saber si estamos o no fuera de competición.
Finalmente, después de esperar y esperar, nos permiten seguir en carrera, pero no nos aseguran que en el siguiente y último corte horario nos permitan salir si llegamos fuera de tiempo. De hecho, nos dicen que allí serán estrictos. De nuevo, gas a tope para recorrer otros 10 km hasta el pueblo de Ansovell (km 60), siguiente corte horario. Entre los 15 minutos de retraso que hemos sumado hasta llegar a Estana, más el tiempo que hemos estado allí parados esperando saber si podíamos continuar o no, nos quedan poco más de hora y media para recorrer esos 10 km.
Salimos cuatro corredores juntos. El corredor que pertenece al club organizador sale lanzado y va tomando distancia. Más adelante soy yo que voy abriendo distancia con los otros dos. Me impongo el ritmo máximo que puedo para intentar recorrer los 10 km en hora y media. Sé que no podré, pero quiero intentarlo hasta que vea caer la hora de cierre en mi reloj.

Se suprimen los cortes horarios
A 2 km de Ansovell atrapo a un corredor que me comenta que abandona, que va fuera de tiempo (es cierto, aunque por pocos minutos) y que está agotado. Lo dejo atrás deseándole suerte y ánimo. Llego al control (km 60) fuera de tiempo. He empleado 1h45m aproximadamente para recorrer los 10 km. Veo a un montón de corredores sentados. Han decidido abandonar en este punto y esperan la evacuación. Entonces se me informa que ¡los cortes horarios han sido suprimidos! Escuchar esto me alegra, pues me permite seguir en carrera, pero también me exaspera porque ir con la presión que hemos ido durante tantos kilómetros por culpa de un error de cálculo toca mucho la moral y explota el físico.
El responsable máximo de la organización está en este control, así que aprovecho para exponerle mis quejas, como han hecho muchos otros antes y harán muchos otros después: llevo 60 km echando el hígado y sufriendo más de la cuenta por culpa de un error de cálculo imperdonable! ¡No es una carrera cualquiera, es una carrera oficial de la FEEC! ¡No se pueden producir errores de este tipo! Admite error, lo asume y pide disculpas.
Entiendo que haya abandonos en este punto. La moral de la gente está tocada, y cuando has decidido relajarte porque vas fuera de tiempo y fuera de carrera, es muy difícil rehacerse y seguir adelante. Antes de salir a por los últimos 20 km me dirijo al corredor que había adelantado antes de llegar a este control y que me había manifestado su deseo de abandonar. Le pregunto si está seguro, pues “sólo” quedan 20 kilómetros y es una lástima, más aún sabiendo que ya no hay más presión horaria y que dispone de ¡hasta 7 horas para recorrer eso últimos 20 km!
Jordi, que así se llama, me mira, mira al de la organización y dice “continúo, me voy con él” (conmigo). Y así salimos, mucho más apaciguados, después de saber que, ahora sí, podemos ir más tranquilos.
Diez kilómetros más adelante y después de tres en ascenso suave, último avituallamiento. Aprovecho para telefonear a mi mujer y avisarla de que antes de las once y media de la noche llegaré a La Seu d’Urgell, donde me espera.
Quedan los últimos diez kilómetros.
Una hora y cuarenta minutos después, a las 23:22 de la noche, cruzo la línea de meta. Muy buena y emotiva la llegada: espectadores aplaudiendo y gritando a lo largo de los 100 metros de alfombra hasta el arco, recibimiento personalizado por parte de los organizadores y los jueces de la FEEC, colgada de medalla al cuello y barra libre de bebidas y comida.
No puedo comer nada, solo beber.

Sin duda la edición más dura de sus 24 años de historia. El cambio en la ruta propició un terreno más técnico y menos corredor, amplió la distancia hasta los 96 km y siguió regalando a los participantes unos desniveles que sumaron más 13.000 metros. Participamos cuatro miembros del CAM Ultra Team. Sólo dos conseguimos llegar. >>>Sigue leyendo.

Tardamos 23h32m. Este es el vídeo de 6 minutos que narra la aventura en imágenes>>>

La mente es débil
Después de 21 horas en las que recorrí 92 kilómetros y superé los 10.000 metros de desnivel, falló el músculo más necesario de todos para acabar una prueba tan exigente como la Volta Cerdanya Ultrafons, de 214 km y 20.000 metros de desnivel. Sin excusas: ha fallado la mente.
Aunque todo suma (o en este caso tal vez sería más adecuado decir aunque todo resta), las altas temperaturas del viernes (hasta 32 grados) no pudieron conmigo. Tampoco las largas y silenciosas horas en solitario, ni los kilómetros, ni los desniveles, ni la noche… Pudo conmigo una larga bajada de más de una hora por terreno rocoso, a las cuatro de la madrugada, después de 90 km recorridos, que me hizo pensar más de la cuenta y fue minando mi decisión de llegar a la meta. La mente, mi mente, fue débil y sucumbió a la sugerente tentación de la retirada a mitad de recorrido.
24 horas más tarde, el domingo por la mañana, salí a correr de nuevo por la montaña. Ningún dolor ni sensación de agotamiento físico más allá del normal después del esfuerzo realizado. Sólo rasguños, escoceduras y otros recuerdos estéticos de la batalla librada. Físicamente ningún problema relevante. Estoy bien. Sin embargo… Mi mente no está bien, sigue dolorida.
He empezado la recuperación, la puesta en forma de este músculo escondido capaz de hablarnos para decantar la balanza hacia un lado u otro: he pedido a la organización que me inscriban en la edición 2015 de la Volta Cerdanya Ultrafons 214 km.
Muchas gracias a todas y todos los que me enviasteis muestras de apoyo para superar el reto. Esto sí que suma, y mucho.
Seguimos.
 

Sábado 3 de mayo de 2014. Después de tres años trazando la ruta, Dani Carull propone salir de Barcelona hasta alcanzar el inicio de la Costa Brava, el islote de La Palomera, en Blanes. Según sus cálculos, saldrán unos 90 kilómetros y aproximadamente 7.000 metros de desnivel total acumulado. La ruta es inédita, nunca antes la ha hecho nadie (que tengamos constancia), y transcurre por tres parques naturales antes de bajar de las montañas a la costa: Serra de Marina, Serra del Litoral y el Montnegre-Corredor.
La primera idea de Dani fue realizar su reto en modalidad travesía, pero finalmente decidió reconvertirlo a ultra trail en semi autosuficiencia y sub24 horas. El punto de salida es el Centro Comercial La Maquinista. >>Seguir leyendo y ver vídeo.
Son las 11 de la mañana y nos echamos a correr ilusionados por las calles de Sant Adrià del Besos. Seguiremos la ruta navegando con el track del GPS trazado en casa. Mucha pista, largas pedientes de moderada inclinación y unos senderos bastante limpios nos permiten avanzar a buen ritmo. Laura, su compañera, nos hace la asistencia y avituallamientos ligeros hasta el kilómetro 52. A partir de este punto funcionaremos en autosuficiencia.
Antes de las diez de la noche caen cuatro gotas de lluvia. Es el aviso de la que se nos viene encima. Media hora más tarde el chaparrón es interesante y la temperatura desciende de forma notable. Minutos después de las doce estamos en el punto más elevado de toda la ruta. Estamos calados y muertos de frío. Por delante tenemos entre 20 y 25 kilómetros hasta Blanes. Para no quedarnos pajaritos deberíamos hacerlos corriendo sin parar, algo que se me antoja un poco complicado después de 72 km y 6.000 metros de desnivel acumulados en nuestras piernas.
Hacemos una parada y decidimos abortar la intentona. Tenemos que bajar lo antes posible de la montaña y buscar refugio en algún pueblo… Truenos en el cielo… Frío, mucho frío. Analizando posibilidades en el GPS, nos decidimos por coger una pista en descenso hasta un pueblo que calculamos a dos kilómetros del punto donde nos encontramos. Sigue lloviendo con intensidad. Cuando llevamos algo así como 4 km al trote, no hay rastro del pueblo. Hacia el kilómetro 5 entramos en una urbanización. Lo que en la pantalla del GPS nos pareció un pueblo (grande) resultó ser una macro urbanización «sin vida» aparente.
Cerca de las tres de la mañana logramos refugiarnos de la lluvia en un cobertizo. Ubicamos correctamente nuestra posición y llamamos a Laura para que nos consiga el teléfono de algún taxista de la zona. En cinco minutos estamos pidiendo un servicio… Que tardará en llegar. «¡Cómo se os ocurre salir de excursión de noche!»- nos dice el taxista al ver nuestro lamentable estado. «No, si cuando hemos salido era de día, de hecho eran las once de la mañana en Barcelona…» El hombre nos mira por el retrovisor y hace una mueca de no entender nada… Le explicamos la odisea. «¿Y estas cosas las hacéis amenudo?» A las 4 de la mañana el taxi nos deja en Blanes.

Dos días después
Le envío un Whatsapp a Dani: «¿Qué te parece si el próximo viernes por la tarde acabamos lo que empezamos?». La respuesta no tarda en llegar, y el viernes 9 de mayo, a las cinco de la tarde, retomamos el reto allí donde lo habíamos dejado.
En menos de tres horas bajamos desde el punto más alto de la sierra hasta La Palomera, Blanes. 21 kilómetros de puro placer, de día, a pleno sol, con una temperatuira soportable y por un terreno muy rápido. Además, el agua de la Costa Brava nos esperaba para el primer baño de la temporada.
Reto superado: 93 km, 7.000 metros de desnivel total acumulado y 15h30m. Calculamos que en modalidad non-stop el tiempo total necesario hubiera sido de 16h30m.

La Klandestina / La Bastarda del CAM 2014.

Fotografia: Eduard Oltra.